Gracia y Verdad

Por: Andrés Carrera

Debe ser la primera vez en todos estos años de escribir artículos, que voy a predicar y escribir sobre el mismo tema en la misma semana, y creo que es porque realmente este es un concepto que de no tenerlo claro, mostraremos un cristianismo deforme.

Cuando no encontramos el balance entre gracia y verdad, tendremos un conglomerado humano legalista, porque le dan un énfasis total a la verdad, o uno liberal, donde se puede hacer lo que sea porque Dios te ama y perdona todo.

El apóstol Juan, quien fue testigo presencial de la vida de Cristo, al empezar a hablar de Él, tiene una observación sobre cómo Él manejó su ministerio que muestra lo extraordinario de Jesús, el verbo hecho carne. Él dice: “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. (Jn. 1:14).

Jesús logró combinar a plenitud estas dos realidades aparentemente contradictorias, y nosotros, su iglesia, tenemos que intentar hacer lo propio, aunque al hacerlo parezca que lo que hacemos es inconsistente y confuso, debido a la tensión entre estos dos conceptos.

Más adelante Juan acota algo más y dice: “pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.” (1:17). Los más de 600 mandamientos, dice Juan, nos fueron dados por Moisés, y era lo que Dios mandaba a hacer y lo que pasaría si no cumplimos Sus expectativas. Decía que no debo hacer esto o aquello, y que si lo hago tengo que ir al templo a dar un sacrificio para perdón de pecados. Luego hace una tremenda distinción, ya que gracia y verdad se nos da como un paquete completo y que viene a través de Él. No el equilibrio entre las dos, sino la medida total de ambas.

Vea el ministerio de Jesús, observe como se dirigió a la mujer samaritana, como en la crucifixión dio perdón incondicional, cuando capítulo antes había exigido a un joven rico que vendiera todo lo que tenía y lo siga o a la mujer adúltera con quien después de decirle que no la condena, finaliza diciendo “anda y no peques más”. Nunca manejó un concepto aislado del otro en su ministerio.

Si quieres saber lo que Jesús quiso comunicar cuando dijo que nos amaramos unos a otros, observa como Él amó y encontrarás que: le llamó al pecado, pecado y después pagó por él, y después de pagar por él, declaró “yo no te condeno” y ahora quiero que todos dejen su vida de pecado, y si no lo haces quiero que sepas que te amo y si no puedes quiero que sepas que te amo. Y si te has metido de tal forma en lo complejo de tu vida de pecado, quiero que sepas que te amo. Y si alguien ha pecado contra ti y te metió en una espiral de autodestrucción, quiero que sepas que te amo, y la verdad es que eres pecador y la gracia dice que no te condeno y que no puedo amarte más de lo que te amo.

Después de muchos años de hacer consejería, de ver cómo se van cuando sienten que quieren seguir pecando y dejar de vivir para Cristo y luego de meses o años incluso, regresan cuando le hemos dejado una puerta abierta y no se han sentido condenados por irse, sabiendo que estamos dispuestos a volver a empezar con ellos si deciden luchar contra su pecado, me he dado cuenta que la Iglesia está en su mejor momento cuando abraza tanto la gracia como la verdad y se niega a inclinarse a una de ellas.

Imagínese lo que sería la comunidad de creyentes, si la gente supiera que siempre serán recibidos en ella con un gran abrazo de bienvenida, todos aquellos que como nosotros, estamos dispuestos a vivir para Cristo y no dejarnos vencer por nuestras debilidades. Que sabemos que también las tenemos, y que juntos avanzaremos pegados de la gracia y la verdad, y que no condenaremos, sino que cada día empezamos de cero.

Eso es lo que significa amarse unos a otros y es engorroso, difícil, y tensionante, pero no podemos dejar ir una en beneficio de la otra, porque hubo momentos en nuestras vidas individualmente hablando y lo habrá en el futuro, en que necesitaremos dosis muy grandes de verdad y en otras gran cantidad de gracia, y la comunidad de creyentes debe ser el distribuidor de ambos.

Así que, convirtámonos en esa comunidad dadora de la verdad y de la gracia, aunque sea complicado, orando para que Dios use esas dos cosas que las mostremos al mundo para Su gloria. Para que la gente comprenda que Dios dice: Eres pecador y pagué por ti. No eres condenado y yo te amo, y te quiero como parte de mi comunidad para que puedas dar gracia y verdad a tu entorno, que logre que ellos quieran saber más de mí. Que salgan de su pecado y me permitan mostrarles mi amor incondicional.

Que sueño tan hermoso!! Gente que vive para Cristo, que se niega a negociar con la verdad, pero también se niega a entregar esa verdad sin acompañarla con la gracia. Que dice te amo y no te condeno, porque así lo hace mi Señor. Ven y lucha con nosotros, porque también nosotros tenemos luchas similares.

Y si lo hacemos realidad. ¿Sería mucho pedir?

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