NIVELES DE LIDERAZGO EN LA IGLESIA

Por: Andrés Carrera

Nadie que yo conozca, ha escrito tanto acerca de liderazgo como John Maxwell, y, habiendo leído muchos de sus libros, quisiera comentar lo que él llama los cinco niveles del liderazgo y aplicarlos a la organización que llamamos iglesia.

El nivel más básico, dice él, que existe es el de la POSICIÓN, que es un liderazgo que se te da sin que hallas desarrollado influencia real sobre las personas que se te encarga liderar. Es decir, se te nombra a un cargo, por parte de la jerarquía superior, pero recién al ejercer dicho cargo, vas a poder mostrar tu nivel de influencia y ganar a los miembros de la organización par que te sigan con alegría y confianza.

La posición es un buen lugar para comenzar, pero es un lugar terrible para quedarse, y dice Maxwell, que tienen tres características comunes:

1.- Buscan seguridad basados en los títulos más que el talento.

2.- Se apoyan más en la influencia de su líder, en lugar de apoyarse en la propia.

3.- No consiguen que la gente los siga más allá de la autoridad definida.

El segundo nivel es el del PERMISO, y es cuando nos siguen porque quieren hacerlo debido a las buenas relaciones que cultivamos. Hay una conexión personal.

El tercer nivel es el de PRODUCCIÓN y es cuando el líder logra que las cosas se hagan y se obtengan resultados. Aislado, puede ser una forma muy dura de liderazgo, pero si lo combinamos con el nivel anterior y puedo añadir resultado a las relaciones, lograré una combinación poderosa.

Cuarto, está el nivel de DESARROLLO HUMANO, y es cuando el éxito mío se mide por el éxito de mi sucesor, cuando me preocupo de empoderar a otros y de ayudarlos a desarrollarse como personas y líderes.

El último nivel es el del PINÁCULO, que está basado en la reputación. Nos hemos ganado el respeto del equipo y este se da libremente, debido a quien soy y lo que he logrado.

Antes de analizar en qué nivel está el liderazgo de la iglesia permítame colocar aquí algunas consideraciones importantes:

1.- Usted puede estar en un nivel en un área de su vida y en otro nivel en otra área.

2.- Los niveles se construyen uno sobre otro.

3.- Mientras más suba de nivel, más tiempo y dedicación va a necesitar para mantenerlo.

Con esto dicho, analicemos la problemática del liderazgo de las iglesias locales.

Si bien no tenemos en muchas denominaciones, una jerarquía mayor que nos nombre pastores, la idea del llamado de Dios al ministerio, es suficiente para demandar que se haga lo que decimos, debido a la posición y lastimosamente ahí es donde un gran número de líderes de iglesias se queda, generando seguidores golpeados emocionalmente por este “ungido”.

No es raro lastimosamente, observar el temor reverencial que algunos pastores generan en su grey.

Cuando seguimos para abajo en el liderazgo de esas iglesias la cosa es aún peor, ya que las personas que ponemos a cargo de los distintos ministerios, intentan lo mismo: yo estoy a cargo, a mí me encargó el pastor, o esto es orden del pastor, son cosas que se oyen comúnmente para dejar ver como el liderazgo solo se sostiene por la posición dada.

El otro nivel muy común en las iglesias locales es el relacional, donde el hecho de que el liderazgo muestra una figura paternalista y amorosa hace que los seguidores se sientan cómodos, aunque no se alcancen resultados palpables o estos sean insuficientes. Lo importante es que estamos en nuestro “club” donde nos sentimos acogidos, nos amamos y donde la presencia de muchos nuevos me hace sentir incómodos.

La tragedia es que casi ninguna iglesia local llega siquiera al tercer nivel, porque no hay parámetros de producción. La excusa es que no estamos para ver números, y que lo bien que estamos no se mide bajo parámetros empresariales.

Debido a ese pensamiento no planificamos, ni tenemos metas definidas, ni sabemos cómo haremos crecer a los recién llegados más allá de un par de ideas básicas con lo que logramos que la gente interesada pronto se estanque y se salga de la iglesia o peor de la fe.

Si el tercer nivel lo manejamos mal, el cuarto es una tragedia. A pesar de que las iglesias locales somos las llamadas a generar un discipulado a la manera de Cristo y sus apóstoles o la forma como Pablo desarrolló a Timoteo y a Tito, nada se hace en esta área. El encargarnos del crecimiento personal de los miembros, de manera que alcancen a crecer en su fe de forma real, es algo que no consideramos como una prioridad.

Las iglesias carecemos de un plan claro para que cada persona que llega a nuestras instalaciones sepa cómo debe crecer en su vida cristiana hasta llegar a la madurez espiritual, y es ella la llamada a desarrollar el liderazgo de esta generación y las siguientes.

Fracasamos terriblemente en esto y la falta de líderes nivel 4, gente comprometida con el desarrollo de otros, está causando que cada vez seamos más irrelevantes para la sociedad. Debiendo ser la abanderada del desarrollo de líderes, deambula sin objetivos claros en un mundo cada vez más sediento de que alguna institución y su liderazgo sean merecedoras de respeto y admiración.

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