MITO # 5: A TRAVÉS DE LA GUERRA ESPIRITUAL PODEMOS DERRIBAR FORTALEZAS DEMONÍACAS QUE EXISTEN EN LA ATMÓSFERA

Por Andrés Carrera

Este debe ser uno de los mitos más conocidos y más aplicados en las distintas ciudades. De hecho es, hasta donde yo lo entiendo, la principal razón práctica para la  guerra espiritual.

Empecemos entonces a analizar en lo que basan esta creencia, empezando por el enunciado:

Ya que los demonios son territoriales (Dn. 10:13, 20 y 21; Mrc. 5:9 y 10) y los cristianos debemos echar fuera demonios de las personas y tenemos la responsabilidad de resistir al diablo (Mrc. 6:17; Stg. 4:7; 1 Ped. 5:8 y 9), debemos combatir contra esos demonios de cada territorio específico y derrotarlos.

Note para empezar, que en ninguna parte del Nuevo Testamento se dice que alguien saca de una ciudad o una región un demonio y que tampoco hay una orden de que lo hagamos nosotros, a menos, que torzamos por completo los siguientes pasajes de la Escritura:

1. Fortalezas (2 Cor.10:3 al 6.)- “pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. Y estamos dispuestos a castigar cualquier acto de desobediencia una vez que yo pueda contar con la completa obediencia de ustedes”.

Según ellos la palabra fortalezas se refiere a huestes de maldad, pero si uno continua con la lectura se da cuenta que de lo que está hablando es de la fortaleza de argumentos y altivez. Se trata de una batalla por mi mente entre lo que Dios dice y lo que el mundo nos enseña.

2. La armadura de Dios (Ef. 6:10 al 17).- En este pasaje se nos habla de la lucha del cristiano contra el mal, pero todas y cada una de las armas deben ser usadas por mí para no sucumbir ante las tentaciones del maligno y nada tiene que ver con salir a conquistar a la maldad.

De hecho, la única arma ofensiva de todas las nombradas es la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, por tanto, a menos que vayamos a caerle a bibliazo limpio a los demonios, de lo que se nos habla es de armarnos con todos los recursos que Dios nos ha dado para combatir las tentaciones que vienen a nuestra mente, reemplazándolas con los pensamientos del Señor que están en Su Palabra.

3. Atar al hombre fuerte (Mrc. 3:22 al 30).- Cuando usted lee este pasaje se da cuenta de que lo que Jesús está diciendo no es una enseñanza a sus discípulos, sino una respuesta a la crítica de los fariseos, que lo acusan de hacer milagros por el poder de Belcebú, y ni aquí ni en pasaje alguno se nos enseña que nosotros debemos atar a ningún hombre fuerte.

4. Atar, desatar y las puertas del Hades (Mt. 16:15 al 19).- Cuando Jesús les da poder a sus discípulos a atar y desatar no se refiere a demonios, sino a la predicación de la Palabra y las buenas nuevas del evangelio, y que esto sacaría a la gente de las mismas puertas del infierno.

El poder de atar y desatar descansa en nosotros, Su iglesia, pero no porque guerreamos espiritualmente, sino porque el evangelizar nos permite la posibilidad de que gente condenada vaya a la presencia de Cristo, como resultado de que fuimos obedientes y compartimos el evangelio con cuánta gente podamos.

Yo puedo decidir que tengo que pelear contra Satanás y dedicarme a hacer oraciones guerreras, a derramar aceite por toda la ciudad u orar y lanzar aceite desde el edificio más alto de ella. Puedo volar en un helicóptero y declarar que ato al hombre fuerte, a Satanás o al espíritu territorial que está en esa ciudad. Puedo orar toda la noche y lo único que le dará a estos espíritus es un ataque pero de risa, al ver cuanta ignorancia es capaz de acuñar el movimiento cristiano.

Permítame terminar con unas preguntas reflexivas: ¿Alguna vez ha visto que una ciudad haya tenido cambios después de una conferencia de guerra espiritual? ¿Alguna vez ha visto que como resultado de tanta guerra, los espíritus territoriales han retrocedido y el pecado ha bajado?

Créame que yo solo he visto gastar garganta, llantas y gasolina, sin un solo resultado tangible de tanto esfuerzo.

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