CRISTO, LA PERSONA ETERNA

Amigos, estoy trabajando en un artículo que tiene que ver con las mujeres en el ministerio. Espero enviárselos la próxima semana. Mientras termino, les comparto un artículo filosófico de una pregunta que usted posiblemente jamás se hará y que tal vez ni le preocupa, pero siempre es necesario pensar en estas cosas porque nuestra fe no es una fe ciega.

Dios los bendiga,

Andrés

CRISTO, LA PERSONA ETERNA

Por Kenneth R. Samples

1. Como orador en una conferencia teológica recibí la siguiente pregunta que me llevó a reflexionar:

¿Cómo es posible que Cristo haya sufrido la ira eterna de Dios en tan sólo unas horas en la cruz si los  humanos receptores del juicio de Dios sufren por toda la eternidad?

El punto central de esta pregunta se refiere a cómo el sufrimiento y muerte de Jesús logró un resultado eterno en un corto período de tiempo.

Propongo que la respuesta a esta desconcertante  pregunta se encuentra en el concepto cristiano histórico de la persona de Jesucristo como el divino Logos o Hijo de Dios.

Jesucristo es un ser personal eterno

Jesús es completamente humano, pero no es únicamente humano. Él es también completamente divino. El concepto ortodoxo de Cristo es que él es una sola persona con dos naturalezas, una divina y una humana. Cristianos antiguos se refirieron a Jesús como el theanthropos (griego: el Dios-hombre).

Así, mientras que Jesús tiene tanto una conciencia  divina y una humana (que corresponden a las naturalezas y a las voluntades divina y  humana), él es en última instancia una persona; y esa persona es el divino Logos. Su conciencia humana se encuentra en unión hipostática (o personal) con lo divino. La conciencia humana de Jesús, por lo tanto, no tiene existencia propia (impersonal) aparte de su unión con lo divino en la Encarnación. Teólogos cristianos ortodoxos se refieren a esto como el enhypostasis y anhypostasis de Cristo.

Cristo posee una naturaleza completamente humana, pero el auto-consciente ‘Yo” es el eterno Logos o Hijo [de Dios]. Por lo tanto, Él es una persona eterna, la segunda persona de la Trinidad divina. En un sentido filosófico, Jesús es dos Qué y un Quién. (En otras palabras, él posee dos naturalezas distintas, una divina y otra humana, pero es, sin embargo, una sola persona.)

¿Cómo impacta todo esto a la pregunta original?

¿Cómo es posible que Cristo haya sufrido la ira eterna de Dios en tan sólo unas horas en la cruz?

Cristo pudo sufrir la eterna ira divina durante su sufrimiento temporal en la cruz porque él es un ser personal eterno. La persona eterna logró un sacrificio eterno.

El punto teológico es que un ser personal eterno (siendo Cristo Dios Encarnado) puede ofrecer un sacrificio eterno debido la naturaleza misma de su ser, sin necesitar considerar  factores de tiempo.

El punto no es la cantidad de tiempo durante el cual Cristo sufrió en la cruz por los pecados, sino quien fue  la persona que ofreció el sacrificio. Es la dignidad, grandeza y santidad del ser personal eterno de Jesucristo que extinguió la ira eterna de Dios.

1 Pedro 1: 18-19 dice: sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.

Se necesitó un sacrificio eterno  para apaciguar la ira eterna de Dios contra el pecado, pero una simple persona humana y temporal no podría lograrlo. Por lo tanto el Cristo eterno, el único Dios-hombre, ofreció un sacrificio eterno que consiguió la redención para todos los que creen en el Evangelio (Juan 3:16).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16 LBLA)

2. En esta segunda parte abordaré una pregunta relacionada:

¿Por qué los no creyentes tienen que sufrir el juicio eterno por un periodo temporal de pecado?

En otras palabras, si una persona peca por setenta años aquí en la Tierra, ¿dónde está la justicia en el hecho de que  Dios castiga al pecador por toda la eternidad? ¿Por qué se impone un castigo eterno por un período temporal de infracción?

Mi respuesta a esta pregunta es muy similar a la respuesta que di a la pregunta en la primera parte. Propongo que la respuesta a esta pregunta desconcertante se encuentra en el concepto cristiano histórico de Dios.

Dios es un ser personal eterno de justicia y santidad completas.

De acuerdo con la teología cristiana  ortodoxa, Dios es un ser espiritual, tripersonal,  eterno e infinito -Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este Dios es también un ser moralmente perfecto (reflejando completa santidad, justicia y bondad). Pablo describe a Dios así:

Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. (1 Tim 1:17 LBLA)

El libro de Apocalipsis describe a Dios así: SANTO, SANTO, SANTO, es EL SEÑOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir. (Apocalipsis 4:8 LBLA)

Entonces, ¿cómo influye todo esto en la pregunta original?

¿Por qué tienen los no creyentes que sufrir el juicio eterno por un período temporal de pecado?

La respuesta es que Dios es un ser santo,  infinito y eterno.  Por lo tanto, el  pecar contra este Dios es cometer un delito eterno.

La cuestión teológica de fondo aquí no es por cuánto tiempo pecó  la persona mientras vivía temporalmente en la Tierra. Más bien, el punto crucial del asunto se basa en quien es la persona en contra de la cual se cometió el delito, o pecado.

Ya que Dios es un ser,  no solo eterno, sino también infinita y eternamente santo, el pecar contra este Dios significa cometer un pecado eterno. Los pecados temporales contra un Dios eterno tienen consecuencias eternas. Por lo tanto, el castigo eterno es el costo de ofender a un ser eterno que es moralmente perfecto.

3.  En esta tercera parte abordaré  otra pregunta relacionada:

¿Acaso el concepto cristiano tradicional del castigo consciente eterno en el infierno significa que no hay solución final para el  problema del mal?

La preocupación teológica expresada aquí es que aún después de la clausura de la historia humana [dirigida por humanos] con la Segunda Venida de Cristo y el comienzo del estado eterno, la doctrina del castigo eterno significa que Dios tiene que continuar castigando a los pecadores por siempre. Los partidarios del aniquilacionismo (la doctrina de que Dios castigará a los no creyentes por un período de tiempo en el infierno, pero posteriormente los destruirá completamente), perciben la doctrina del castigo eterno como una debilidad teológica importante porque, como dicen, el mal nunca es verdaderamente derrotado.

La doctrina del castigo eterno consciente

Antes de abordar este punto tengo que señalar que sí hay base bíblica clara y convincente para aceptar la doctrina del castigo eterno consciente. Los siguientes tres pasajes del Nuevo Testamento representan esa base.

Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. ….” Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna. (Mateo 25:41, 46 LBLA)

A los defensores del aniquilacionismo  les gusta decir que sólo el “resultado” del castigo (o sea, la destrucción) tiene duración eterna. Sin embargo, la lectura más directa y clara de este pasaje dice que si la “vida eterna” es de duración eterna, por tanto el  “castigo eterno” lo es también. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, y cualquiera que reciba la marca de su nombre.

(Apocalipsis 14:11 LBLA) Esta misma expresión bíblica, “por los siglos de los siglos” (griego: aionas, “sin fin”) se aplica en otros lugares al culto “sin fin” de Dios (Apocalipsis 1:6, 4:9, 5:13). En el sentido exegético, si Dios es adorado siempre, entonces el castigo del infierno es equivalente en duración. Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

(Apocalipsis  20:10 LBLA) Los que son lanzados al lago de fuego sufren tormento sin fin.  El “día y noche” expresión transmite el significado de castigo sin fin o incesante.

La doctrina del castigo eterno es aleccionadora y sirve para recordarnos que Dios es perfectamente justo y santo (Salmo 98:9, Isaías 6:3).

Volviendo a la pregunta original, tenga en cuenta que, a diferencia de los sistemas judiciales humanos, Dios, como el último juez, considera que las personas que son libres de ejercer decisiones morales son completamente responsables de sus acciones. Si un ser humano rechaza al Creador y quiere afirmar su autonomía, entonces Dios insistirá en que esa persona sea expulsada de su presencia por toda la eternidad y que pague por sus actos injustos y desobedientes.

La rebelión contra un Dios eterno produce consecuencias eternas. Por lo tanto, el castigo que Dios ejerce continuamente extiende su justicia por siempre. No hay evidencia de que los no creyentes alguna vez se arrepienten, ni siquiera en el infierno (aunque, sin duda, tienen un gran remordimiento). La sentencia de Dios de la separación eterna de los no creyentes perpetúa su reino recto y justo por toda la eternidad. La calidad de eternidad del castigo divino ilustra que Dios se enfrenta con eficacia el mal para siempre.

Mientras que los defensores del aniquilacionismo a menudo cuestionan cómo es que el  eterno castigo consciente concuerda con la misericordia de Dios, los defensores de la doctrina cristiana tradicional sobre el infierno afirman que la justicia impresionante de Dios nunca debe ser minimizada.

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Para conocer una defensa de la doctrina cristiana tradicional del castigo consciente eterno, véase Alan W. Gomes, “Evangelicals and the Annihilation of Hell, Part One,” Christian Research Journal (Spring 1991): 14.  [“Evangélicos y la aniquilación del Infierno, primera parte, “Cristian Research Journal (primavera de 1991):14]

Para más información sobre la persona, la naturaleza y la obra de Cristo, véanse los capítulos 9 y 11 de mi libro Without a Doubt: Answering the 20 Toughest Faith Questions  (Sin lugar a dudas: Respondiendo a las 20 Preguntas más Difíciles acerca de la Fe)   y el capítulo 8 de mi libro  A World of Difference: Putting Christian Truth-Claims to the Worldview Test.  (Un Mundo de Diferencia: Poniendo las  Pretensiones de Verdad Cristianas a la Prueba de Concepto del Mundo).

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