LA RELIGIÓN ¿SERVIRÁ PARA ALGO?

Por: Andrés Carrera

Si hay un concepto que parece unir todas las religiones es esto: Hay algo que tienes que hacer, que cuando lo hagas te hará ser un mejor tú, y a través del tiempo, al ser constante en mejorarte a ti mismo, sea por disciplinas o sacrificios, Dios finalmente te aceptará y vivirás con Él por siempre.

Mientras estás en este esfuerzo y la vida va bien, todo parece caminar, pero basta la más ligera piedra en el camino, para que me dé cuenta que todo eso es un globo de aire que se desinfla a la primera pinchada.

No me da paz, no me da una mejor relación con Dios, siento que mis esfuerzos no son reconocidos y entonces empiezo a sentir resentimiento y dolor. Nada parece ser suficiente con este Dios, que quiere que me esfuerce para ser el mejor yo, que yo pueda ser, y estoy cada vez más cansado y más frustrado.

Cuando uno ve por encima las diferentes ramas del cristianismo, uno se topa con más de lo mismo: diez mandamientos, la necesidad de obedecer, el esforzarse para ser mejor. Pero, cuando uno lo ve de cerca, se da cuenta que este es un cristianismo basado en el Antiguo Testamento y que cuando Cristo vino, cambió completamente las reglas, puso la barra más alta y declaró que seríamos derrotados en nuestro esfuerzo de auto mejorarnos, así sea con su ayuda.

Veamos ambas cosas con detenimiento:

1.- Puso la barra más alta.- En el Nuevo Testamento no se nos dice que el objetivo es ser un mejor nosotros, sino que era ser como Él: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!” (Fil.2:5 al 8).

¿Cómo se supone que yo logre esto? Suficientes problemas tengo para cumplir los mandamientos de mi propia conciencia. Todo mi esfuerzo lo dedico a mejorar lo más que pueda y requiero toda mi disciplina y dominio propio, para que ahora se me diga que no es un mejor yo lo que se busca, sino que seamos como Cristo. Tratar de lograr eso es un esfuerzo inútil.

2.- Serás derrotado en tu esfuerzo.- El Nuevo Testamento declara que seré vencido, pero también nos dice cuál es la solución: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:1 al 5).

Analicemos el pasaje con detenimiento: Lo primero que se nos dice es que quien labra la tierra y cuida de la planta es Dios. Por tanto, esa no es mi responsabilidad. Tampoco soy la planta, soy a duras penas una rama.

La rama es inútil a menos que esté pegada a la planta, no importa cuánto se esfuerce, cuanto intente convertirse en la mejor rama posible, si no recibe todo los alimentos del árbol será inservible.

Usted no encuentra una rama tratando de separarse del árbol porque ahí le irá mejor, lo que halla es una rama que permite, por así decirlo, que los nutrientes pasen a través de ella para producir el fruto, que emana de manera natural de ella.

¿Se da cuenta de la diferencia? Usted no debe esforzarse, debe pegarse al árbol. Usted no debe producir fruto, debe permitir que el árbol lo produzca a través de usted. Usted no debe buscar ni siquiera una mejor posición para dar fruto, eso lo hace el labrador.

¿Dónde queda todo esfuerzo humano? Totalmente al margen.

¡Qué difícil es para nosotros tener la humildad de entender que separados de Cristo nada podemos hacer! ¡Qué difícil abandonarnos en los brazos de Él y permitir que Él viva Su vida a través de nosotros! ¡Qué complicado entendernos inútiles de alcanzar lo que ya Él logró para nosotros!.

El cristianismo no es una religión. Es una forma de vida, en donde yo le permito a Cristo que tome control de las riendas de mi vida, y poco a poco, voy permitiendo que Él produzca la paciencia, la bondad, el amor, la paz, en mí, para poder “alimentar” a las personas que se relacionan conmigo.

Mi responsabilidad es renovar mi mente  como dice romanos, y en ese proceso voy caminando a dejar que Él gobierne mi vida pues ya no vivo yo sino Cristo en mí.

Como creyente lo que hago es permitir que la voluntad de Dios anide en mi alma y produzca fruto, que no sale por mi esfuerzo, sino como una lógica consecuencia de mi relación con Él.

Busque la intimidad con Él. Ore y lea la Palabra, y deje de esforzarse tanto por ser una mejor persona, porque esa ni siquiera es la meta que Jesús nos puso. Para ser como Cristo, necesitamos que Él tenga el control y lo haga por nosotros. Simplemente sea el canal por el cual Dios pasa Sus bendiciones a otros.

Una respuesta

  1. mrdiego777

    Wonderfully excellent

    mayo 7, 2016 en 10:11 pm

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