LA IGLESIA

Por: Andrés Carrera

La mayoría de la gente que acude a la iglesia no sabe qué es, ni por qué existe. Si preguntáramos qué viene a la mente de las personas al pensar en iglesia dirían: una reunión de fin de semana, un edificio o discutir con mis hijos porque no quieren ir.

Estas respuestas nos dejan ver que la palabra “ekklesia” ha perdido su significado en el tiempo, ya que, lo que Jesús formó no era una institución sino un movimiento.

Cuando Jesús predijo, que nada prevalecería contra la iglesia, usó una palabra que no era un término religioso, sino que se refería a ciudadanos convocados con algún propósito cívico. No se refería a un lugar específico, sino a una reunión específica. La palabra siempre se refería a una reunión de personas unidas por una identidad y una razón de ser que les eran comunes.

Pensemos un poquito en cómo llegamos a convertir este movimiento en una edificación recordando la historia:

Este movimiento empezó con un carpintero judío, que salió de un poblado de lo más atrasado, esclavizado por el imperio Romano, y sus mensajes se concentraban en un “reino”, que no estaba conectado directamente con este mundo. Hablaba en parábolas que pocos podían comprender. Ofendió a los influyentes y poderosos y hasta su familia pensaba que estaba loco. Solo tres años después de empezar su andar público fue arrestado, humillado en público y ejecutado.

Algo como esto no debería haber durado ¿verdad?

Lo extraño fue que después de esto, los desalentados y desesperados seguidores de Cristo proclamaron que Él había resucitado de entre los muertos y que ellos lo habían visto, tocado y comido con Él. Entonces, se empezaron a unir a este movimiento denominado “el camino” al principio cientos y luego miles de personas que se convirtieron en seguidores, que ni siquiera la persecución e incluso la ejecución de los líderes podían contener, hasta que en un tiempo relativamente corto reemplazaron el panteón de los dioses romanos y se convirtió en la principal creencia del Imperio, quien finalmente sucumbió, pero no así la iglesia que Cristo fundó.

El problema se da cuando  la iglesia se convierte en esta institución paralela al estado, que llega a tener el poder de poner y sacar gobiernos y que se vuelve temible aun para los poderosos. Cuando esto pasó, la iglesia perdió su enfoque y misión.

Es en esta época, la Edad Media, cuando la Biblia fue condenada a quedarse solo en el púlpito y el que controlaba la iglesia, controlaba al pueblo, la crueldad, la tortura y el asesinato se hacían con una cruz en el pecho, y se justificaban con ritos de purificación.

Si fue un milagro que sobreviviera al primer siglo, fue uno mayor que sobreviviera a esta etapa de institucionalización y corrupción.

En esta época llegaron los reformadores, que a costa de sus vidas, intentaron devolver la iglesia a su raíz, y a regresar la Palabra de Dios al pueblo, y a enfrentarse a la necesidad de control de las jerarquías de la iglesia.

En este punto, supuestos cristianos mataban cristianos porque eran herejes, una cosa que los primeros seguidores de Cristo hubieran pensado inconcebible, hasta que se llegó al momento más grave que la iglesia podía tener: se asesinó a un hombre por el pecado de traducir la Biblia de sus idiomas originales al inglés.

En 1522 William Tyndale tomó la decisión de traducir la Biblia al inglés y en 1526 comenzó a meter Biblias de contrabando a su natal Inglaterra. Un tribunal del Sacro Imperio Romano lo condenó por hereje y las autoridades civiles lo amarraron a una viga, lo estrangularon, y después quemaron su cuerpo y esparcieron sus restos.

¿Se imagina la cara de sorpresa que tendrían los primeros seguidores de Jesús, si alguien les hubiera dicho que un tribunal “cristiano” condenaría por hereje a alguien que logra que las palabras de Jesús fueran conocidas por más personas?

Tenemos que recuperar nuestra identidad, ya que ha costado la vida de mucha gente, el que esta verdad haya llegado hasta nosotros y debemos ser merecedores de ese sacrificio. Debemos recuperar la “ekklesia” y dejar de pensar en términos de edificios y servicios dominicales.

Una iglesia debe ser un movimiento de gente que se ama y que caminan juntos hacia un objetivo, conscientes de las debilidades de cada persona, pero acogiéndonos a pesar de estos.

Una iglesia debería ser envidiada no por lo que cree, sino por lo que aman a propios y extraños, con el amor de Dios que se “derrama en nuestros corazones” (Rom.5:5)

Creo que usted y yo si queremos ser parte del movimiento de Jesús que Él denominó “ekklesia” debemos hacernos estas preguntas:

  • ¿Nos estamos moviendo o sólo reuniendo?
  • ¿Estamos marcando una diferencia capaz de ser medida en nuestras comunidades locales o solo estamos dedicados a celebrar servicios?
  • ¿Estamos organizados alrededor de una misión o alrededor de un modelo ministerial, heredado de una previa generación?

De las respuestas a estas preguntas dependerá el futuro de este movimiento y de que la gente piense en iglesia como una comunidad de personas que tienen un objetivo común: “amar a Dios con toda mi mente, cuerpo y fuerzas y al prójimo como a mí mismo”.

NOTA:

Basado en el libro Amplio y Profundo de Andy Stanley.

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