Y SI DIOS NO EXISTIERA

Por: Andrés Carrera

En el año 1966 hubo una famosa edición de la revista “Time” que se llamó ¿Está Dios muerto?, dejándonos ver que el avance de la ciencia podría lograr el gran sueño del filósofo alemán Nietzsche y la visión nihilista del mundo según la cual el mundo carece de sentido y no hay principio ético a seguir.

En una de sus obras Nietzsche escribió “Dicho hombre, frenético o loco, cierta mañana se deja conducir al mercado. Provisto con una linterna en sus manos no dejaba de gritar: «¡Busco a Dios!» Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse. Los descreídos, mirándose con sorna entre sí, se decían: «¿Se ha perdido?» «¿Se ha extraviado?». Y agregaban: «Se habrá ocultado». «O tendrá miedo». «Acaso se habrá embarcado o emigrado». Y las carcajadas seguían. Al loco no le gustó esas burlas y, precipitándose entre ellos, les espetó: «¿Qué ha sido de Dios?». Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla… ¿Hemos vaciado el mar? Vagamos como a través de una nada infinita». Y en tono interrogativo y con énfasis prosiguió afirmando que nos roza el soplo del vacío, que la noche se hace más noche y más profunda, y que se torna indispensable encender linternas en pleno día. Manifestó que se oye a los sepultureros enterrando a Dios, agregando que tal vez tengamos que oler el desagradable tufo de la putrefacción divina, pues, naturalmente, los dioses también se pudren. Y siguió diciendo que lo más sagrado y lo más profundo se ha desangrado bajo nuestro cuchillo, preguntando, al mismo tiempo, si se podría encontrar un agua capaz de limpiar la sangre del cuchillo asesino. E inmediatamente puso en duda que la grandeza de este acto fuera propiamente humana. Y entendía que toda la posteridad se agigantaba con la magnificencia de este acto. Se puso colérico y echó al suelo su linterna y creyó reconocer que se había metido muy precozmente entre los hombres. Intuía que los oídos humanos no estaban todavía preparados para escuchar tales verdades. Porque el rayo, el trueno, la luz de los astros, y los actos heroicos de los hombres requieren su tiempo para arribar. Y este último acto mencionado se encuentra más lejos que los actos más lejanos. Los hombres nada saben de ellos y son ellos los que han cometido el acto.

Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un requiem æternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?». (1)

Si aceptamos la posición de este filósofo alemán y el ateísmo en general. Si es posible creer que Dios no existe y creo que eso no es lógico, entonces, como me enseñó un profesor mío de Apologética, nos vemos forzados a llevar esa filosofía a sus tres lógicas condiciones que son:

1. El hombre pasa a ser dios.- Si Dios está muerto entonces alguien tiene que tomar su lugar, y déjeme asegurarte que no será la humanidad sino un hombre, que terminará dominando al resto.

Lo único que nos quedará será el dominante dictador como Hitler o el que nos lleva al placer como única fuente de felicidad como Heffner (creador de playboy). El placer o el dominio serán nuestras únicas alternativas.

Cuando el hombre juega a ser Dios y yo soy la medida de todo lo que pasa, se genera la segunda religión que se creó, que es el humanismo. El humanismo no es otra cosa que el hombre decidiendo que quiere ser el centro de sí mismo, que si usted recuerda es lo que le ofreció Satanás a Eva, y que terminó con la decisión de ella y Adán de abandonar a Dios, para ser ellos los dioses de su propia vida.

Esa decisión terminó en lo que finaliza todo intento nuestro de ser dios. Un hijo de ellos asesinó a su hermano, y empezó la tragedia de la humanidad de tratar de controlarse a sí misma y usted puede ver los resultados mirando la historia y a las personas a su alrededor.

2. El cuerpo pasa a ser el alma.- Si no hay Dios no hay nada almático, Si Dios no existe entonces solo queda lo corpóreo y todo lo que consideró belleza o sublime queda reducido a una cantidad de respuestas glandulares que me hacen creer que algo es bello. No tengo emociones sino aquellas que los jugos corpóreos me dan y que no tiene nada que ver con la realidad.

Cristo dijo “No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno”. (Mt. 10:28)

Te imaginas a lo que quedamos reducidos si lo noble solo nos emociona porque nuestro cuerpo produce algo que nos lleva a eso. Que el rescate de un niño de una posible muerte nos lleva a las lágrimas de regocijo solo porque mis glándulas trabajan. Cuando el alma se ha ido y solo queda el cuerpo vivirás en una contradicción constante-

3. El tiempo se convierte en la eternidad.- Da lo mismo si muero a los cinco años o a los noventa y cinco, de hecho, puesto que esto es lo único que hay. Nada tiene sentido, para que amo, o sufro o me esfuerzo, si total, lo único que me espera es una tumba fría al final de mis días, ya que no hay esperanza.

Una vida así no sería objeto de la casualidad, porque la casualidad no puede ser tan perversa, tendría que ser el invento de una figura macabra y odiadora que se place en ver sufrir a criaturas que tienen sentido de eternidad pero que no la podrán lograr jamás.

Ahora, dígame usted a mí, si podemos vivir con semejantes conclusiones. Si esta vida tiene el menor sentido, y merece ser vivida cuando lo hacemos solo para ahora, solo por nosotros y cuando somos esclavos de nuestras combinaciones químicas sin el más mínimo poder de sentir algo, sino solo porque nuestro cuerpo los produce.

Una vida de ese tipo donde yo juego a ser Dios, es por lo menos peligrosa, sino desastrosa. Como dijo un gran filósofo creyente al discutir con su contraparte atea: “Si yo tengo razón en mi posición, entonces yo gano y usted pierde, pero si usted tiene razón, entonces ambos habremos perdido”

A eso solo me queda añadir, que prefiero descansar en la promesa de Cristo de “Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán. Dado que yo vivo, ustedes también vivirán” (Jn.14:19), en lugar de permitir que mi orgullo y egoísmo me lleve a pensar que yo soy lo único importante y que después de esta vida sin sentido, quedaré reducido a la nada, que es precisamente lo que es una vida sin Dios.

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