LA EVOLUCIÓN COMO MITOLOGÍA, PARTE 4 (DE 5):

El Mito de la Macro Evolución

Por investigadores invitados por Reasons to Believe:

Dr. Hugh Henry, Ph.D.

El Dr. Henry recibió su Ph.D. en Física de University of Virginia en 1971; se jubiló después de 26

años en Varian Medical Systems, y actualmente es profesor conferencista de física en Northern

Kentucky University en Highland Heights, Kentucky.

Daniel J. Dyke, M. Div., M.Th.

El Sr. Daniel J. Dyke recibió su Maestría en Teología de Princeton Theological Seminary en 1981, y actualmente es profesor de Antiguo Testamento en Cincinnati Christian University, en Cincinnati,

Ohio.

Dr. Charles Cruze, Ph.D.El Dr. Charles Cruze recibió su Ph.D. en Ciencias Farmacéuticas del Centro de Ciencias de la Salud de University of Tennessee en 1977, y trabaja actualmente en investigación en Procter & Gamble Pharmaceuticals.

Artículo Original:

Evolution as Mythology, Part 4 (of 5): The Myth of Macroevolution

http://www.reasons.org/articles/evolution-as-mythology-part-4-of-5-the-myth-of-macroevolution

El último artículo trató sobre las características de mito que tiene la abiogénesis, un componente clave de la teoría de la evolución, que dice que los organismos vivos aparecieron espontáneamente de materia no viviente. Este artículo analiza la evolución misma, que se divide en dos categorías:

La micro evolución (s): Evolución resultante de una sucesión de variaciones genéticas relativamente pequeñas que frecuentemente causan la formación de nuevas subespecies. La macro evolución (s): Evolución a gran escala que ocurre en períodos de tiempo geológicos y que resulta en la formación de nuevos grupos taxonómicos.

La teoría neo darwinista de la evolución supone que las formas de vida procedieron a lo largo de un árbol de la vida desde un antepasado común por medio de mutaciones genéticas aleatorias. La teoría supone que las formas de vida micro evolucionaron hacia variaciones similares de sí mismos (como por ejemplo, diferentes especies de pinzones) a través de una sucesión de cambios simples, y, en última instancia, criaturas diferentes macro evolucionaron (como por ejemplo, un pez hacia un anfibio y un mamífero terrestre hacia una ballena) durante eras geológicas.

Estas categorías se consideran por separado porque es poco el desacuerdo sobre la micro evolución -aún hasta el punto de formar una nueva especie. Charles Darwin observó esto acerca de los pinzones de las Islas Galápagos; ha sido evidente desde hace siglos en la reproducción de plantas y animales. Incluso los creacionistas de tierra joven como Jonathan Sarfati de Respuestas en Génesis acepta la micro evolución (usualmente identificada con otro nombre) para explicar una explosión de formas de vida entre el diluvio de Noé y Abraham.(1)

Pero con el concepto de la macro evolución sí hay un problema. El biólogo Sean Carroll ha declarado:

“Un problema que ha permanecido sin respuesta en la biología evolutiva desde hace mucho tiempo es si los procesos observables en las poblaciones y especies existentes (micro evolución) son suficientes para explicar las diferencias en mayor escala evidentes en los períodos más largos de la historia de los seres vivos (macro evolución).” (2)

La simple verdad es que no hay evidencia sólida a favor de la macro evolución; esta se infiere extrapolando la micro evolución a través de las eras geológicas. Sin embargo, esta inferencia es cuestionable.

Aun cuando originalmente propuso esta idea, Julian Huxley observó:

“Hay que reconocer que aún no se ha dado la…evidencia de la utilización de mutaciones en la evolución en condiciones naturales.” (3)

Y lo mismo es cierto hoy en día. El zoólogo Pierre-P. Grassé afirma: “el insistir… que la vida apareció al azar y se desarrolló de esta manera es una suposición infundada que… no está de acuerdo con los hechos.” (4)

La bióloga Lynn Margulis dice:

“No he visto ninguna evidencia en lo absoluto de que estos cambios pueden ocurrir a través de la acumulación de mutaciones graduales.” (5)

Scott Gilbert, John Opitz, y Rudolf Raff concluyen,

“los cambios micro evolutivos en la frecuencia de los genes no fueron considerados capaces de convertir un reptil en un mamífero o de convertir un pez en un anfibio….El origen de las especies -el problema de Darwin- -sigue sin resolverse. “(6)

El “consenso” es que las mutaciones genéticas nocivas en los seres humanos se producen una vez en 10 5-10 6 de esperma o de óvulos en una generación; (7) la tasa de mutación beneficiosa es probablemente mucho menos que el 1% de aquella. Aún si las mutaciones ocurrieran con significativamente mayor frecuencia hace eones, el neodarwinismo predice una macro evolución lenta, lo que debería dejar formas de vida en transición en el registro fósil.

Pero en cambio, el registro fósil muestra un “equilibrio puntuado”: las formas de vida continúan de manera estable durante largos períodos de tiempo, interrumpidos por periódicos arranques repentinos de gran actividad debido a alguna razón naturalista desconocida, seguido de un retorno a la estabilidad.

El ejemplo más dramático de esto es la explosión cámbrica hace unos 500 millones de años. Antes del período Cámbrico, no hubo evidencia de organismos con partes duras, (8) pero durante un relativamente corto período de aproximadamente 50 millones de años, “todos los principales phyla y divisiones de organismos que existen en la actualidad, a excepción de las plantas de la tierra” -aparecieron. (9)

“Sin embargo, una vez que todos los nichos ecológicos básicos fueron tomados, este frenesí de nuevas formas de vida no sólo se detuvo, sino que además fue podado”, al extinguirse algunos phyla Cámbricos. (10)

En vez del patrón neo darwinista en el que los niveles inferiores de la jerarquía biológica deberían aparecer antes que los superiores, el patrón del período Cámbrico “crea la impresión de que la evolución animal en general ha procedido de ”’arriba hacia abajo'”. (11)

Según el teórico evolucionista Jeffrey Schwartz , los principales grupos animales “aparecen en el registro fósil como Atenea hizo de la cabeza de Zeus: completamente desarrollados y listos para vivir.” (12)

Además, la explosión cámbrica no es un caso especial, sino que ilustra que el equilibrio puntuado es la regla, no la excepción. James Valentine y Douglas Erwin afirman que “la evidencia… sugiere que la [Explosión Cámbrica] no ha sido explicada por ninguna de las teorías actuales… ni la selección micro evolutiva de especies, ni rápidos saltos macro evolutivos podrán explicar adecuadamente los datos.” (13)

Hay tal escasez tal de formas de vida de transición que cada afirmación basada en información fragmentaria es recibida con bombos y platillos como evidencia de la evolución. Sin embargo, Stephen Jay Gould admite: “La extrema rareza de las formas transicionales en el registro fósil persiste como el secreto profesional de la paleontología. Los árboles evolutivos que adornan nuestros libros de texto tienen datos [soporte de evidencia] sólo en las puntas y en los nodos de sus ramas; el resto es inferencia, aunque sea razonable, no la evidencia de los fósiles. “(14)

Según James Valentine y Douglas Erwin: “Las secciones de rocas del Cámbrico que tenemos (y tenemos muchas) son esencialmente tan completas como las secciones de duración de tiempo equivalentes que proceden de similares ambientes de depósitos, [pero aun así] las uniones o relaciones transicionales son desconocidas o no confirmadas” para cualquiera de los filos o clases. (15)

El paleontólogo Steven M. Stanley declara: “A pesar del detallado estudio de los mamíferos del Pleistoceno de Europa, ni un solo ejemplo válido se conoce de transición filetica (gradual) de un género a otro.” (16)

Como alternativa, si las diferencias de secuencia genética entre los principales filos animales se deben a mutaciones acumuladas constantemente durante largos períodos de tiempo, debería ser posible utilizar las diferencias de secuencias de proteínas o de ADN en las especies vivas como un “reloj molecular” para estimar hace cuánto tiempo compartieron un ancestro común. Sin embargo, este tipo de análisis a menudo produce resultados extraños, como la agrupación de conejos con primates en lugar de con roedores, la colocación de los erizos de mar entre los cordados, y situando a las vacas más cerca de las ballenas que de los caballos. 17 Además, el análisis crítico de tal datación filogenética revela incertidumbres tan grandes que los resultados prácticamente no tienen sentido. (18)

La homología (la similitud no funcional, como, por ejemplo, las extremidades de cinco dígitos de los anfibios, reptiles, aves y mamíferos) es a menudo citada como evidencia de la macro evolución, pero la investigación genética muestra una falta de correspondencia entre los genes y la estructura de las extremidades. El embriólogo Gavin de Beer se pregunta, “¿Qué mecanismo puede ser el que resulta en la producción de órganos homólogos, los mismos ‘patrones,’ a pesar de no ser controlados por los mismos genes?” (19)

El fracaso de la macro evolución neo-darwinista no es ninguna sorpresa para los matemáticos. Sir Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe han escrito un libro sobre el tema: ¿Por qué no funciona el neodarwinismo?(20)

El biólogo Michael Behe ha provisto verificación experimental empírica para tales cálculos de probabilidad mediante la revisión de la lucha de la humanidad contra la malaria, que es un microbio unicelular con una población “mucho más vasta que cualquier especie animal o vegetal”, lo que resulta en una tasa de reproducción y mutación mucho mayor. El tiempo relativo para que la malaria desarrolle resistencia a la atovaquona (un fármaco que requiere una mutación de un gen) vs cloroquina (que requiere dos mutaciones) coincide razonablemente con los cálculos de probabilidad. “En promedio, para que los seres humanos alcancen una mutación como ésta al azar, tendríamos que esperar 1015 años “(21): 100 000 veces más tiempo que la edad del universo. La resistencia natural humana a la malaria es la hemoglobina S, que ha “surgido de forma independiente no más de un par de veces en los últimos 10.000 años, posiblemente solo una vez”, (22) a pesar de que sólo requiere una mutación de un solo gen.

El descubrimiento de genes reguladores, que pueden “encender” y “apagar” los genes para producir grandes cambios en el fenotipo, presenta un nuevo dilema. El paleontólogo Jack Horner predice que dentro de 50 años, “vamos a ser capaces de encender y apagar interruptores genéticos… y realizar una retro-ingeniería de un dinosaurio desde un pájaro.” Pero esto hace que el neodarwinismo sea aún menos plausible. La probabilidad de que formas de vida complejas hayan evolucionado al azar de materia no viva es insuperable, y parece aún más improbable el que también al azar se logre evolucionar una clase de genes reguladores y el material genético para adaptarse a las condiciones ambientales futuras aún no experimentadas. Eso requeriría súper-inteligencia -atribuyendo un carácter divino mitológico a la selección natural. Irónicamente, los creacionistas han sugerido durante mucho tiempo que los cambios observados en las formas de vida después de Génesis 1 podrían basarse en material genético sobrante, en respuesta a los cambios del medio ambiente -una idea posibilitada ahora por los genes reguladores..

Aunque la macro evolución parece improbable por la vía tradicional (y los genes reguladores son un fuerte argumento a favor del creacionismo) el carácter de mito del neodarwinismo continúa manteniéndola como la teoría dominante. Como dice Behe,”La mayoría de los biólogos trabajan dentro de un marco darwinista y simplemente asumen lo que no se puede demostrar.” (23)

Los evolucionistas incluso afirman que los genes reguladores hacen que el neodarwinismo sea más plausible debido a que el equilibrio puntuado se explica más fácilmente en base a los genes reguladores, pero esto sólo enfatiza que el mito de la macro evolución tiene que ser protegido con celo religioso. Esto es en realidad un argumento a favor de la evolución teísta, ya que el resultado más probable de las mutaciones aleatorias en los genes reguladores es una monstruosidad.

NOTAS:

1 Jonathan Sarfati, Refuting Evolution (Green Forest, AR: Master Books, 1999), 31-46.

2 Sean B. Carroll, “The Big Picture,” Nature 409 (February 8, 2001): 669.

3 Julian Huxley, Evolution, the Modern Synthesis (New York and London: Harper Brothers, 1943),

116.

4 Pierre-P. Grassé, Evolution of Living Organisms, (New York: Academic Press, 1977), 107.

5 Charles Mann, “Lynn Margulis: Science’s Unruly Earth Mother,” Science 252 (April 19, 1991):

378-381.

6 Scott F. Gilbert, John M. Opitz, and Rudolf A. Raff, “Resynthesizing Evolutionary and

Developmental Biology,” Developmental Biology 173 (1996): 357-72.

7 E. Peter Volpe and Peter A. Rosenbaum, “Mutation,” chapter 4 in Understanding Evolution, 6th

  1. (Boston: McGraw Hill, 2000).

8 Roger Lewin, Thread of Life: The Smithsonian Looks at Evolution (Washington, D.C.: Smithsonian

Books, 1982), 114-5.

9 Sandra Alters and Brian Alters, Biology: Understanding Life (Hoboken, NJ: John Wiley & Sons,

2006), 289.

10 David Krogh, Biology: A Guide to the Natural World, 3rd ed, (Upper Saddle River, NJ: Prentice

Hall, 2005), 380-1.

11 James Valentine et al., “The Biological Explosion at the Precambrian-Cambrian Boundary,”

Evolutionary Biology 25 (1991): 279-356.

12 Jonathan Wells, Icons of Evolution, (Washington, D.C.: Regnery, 2002), 41.

13 James W. Valentine and Douglas H. Erwin, “Interpreting Great Developmental Experiments: The

Fossil Record,” Development as an Evolutionary Process, ed. Rudolf Raff and Elizabeth Raff (New

York: Alan R. Liss, 1985), 100.

14 Stephen Jay Gould, “Evolution’s Erratic Pace,” Natural History 86 (May 1987): 14.

15 James W. Valentine and Douglas H. Erwin, loc cit, (1987), 84-85, 88.

16 Steven M. Stanley, Macroevolution: Patterns & Process (San Francisco: W. H. Freeman, 1979),

82.

17 Jonathan Wells, loc cit (2002), 51.

18 Dan Graur and William Martin, “Reading The Entrails Of Chickens: Molecular Timescales of

Evolution and the Illusion of Precision,” TRENDS in Genetics 20 (February 2004): 80-6.

19 Gavin de Beer, Homology: An Unsolved Problem (London: Oxford University Press, 1971), 16.

20 Sir Fred Hoyle and Chandra Wickramasinghe, Why Neo-Darwinism Doesn’t Work (Cardiff,

Wales: University College Cardiff Press, 1982).

21 Michael Behe, The Edge of Evolution (New York: Free Press, 2007), 44-63, 61.

22 Michael Behe, loc cit, (2007), 26.

23 Michael Behe, loc cit, (2007), p 9.

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