¿QUIÉN PUEDE PONERTE ETIQUETAS?

Por: Andrés Carrera

El mundo de los niños y adolescentes puede ser de lo más cruel. Los abusos a los débiles son el pan de cada día. Continuamente oímos apodos crueles sobre el defecto de tal o cual persona, con lo que ahondamos el sentimiento de inferioridad de ese muchacho.   

Todos fuimos víctimas de una forma u otra de burlas dirigidas a nosotros, y probablemente también iniciadores o colaboradores de mofas que dañaron el autoestima de alguien.

El problema es que, a pesar de que ya dejamos esas edades, el recuerdo de esos momentos aun me duele, y mi identidad ha quedado seriamente afectada. Aun peor, cuando en la adultez escucho cosas como las que me dañaron, o peor que eso, cuando las personas que amo, pueden llegar a ser crueles conmigo emocional y físicamente, mi autoestima se daña casi irremediablemente.

Entendamos esto: LAS ETIQUETAS SON PODEROSAS, TE ENCIERRAN, NO TE PERMITEN SALIR Y DEJAN A DIOS AFUERA.

Ya sea que se las halla puesto usted mismo, o que es algo que ha oído toda la vida, ese pensamiento de quién es usted no lo dejará emprender algo nuevo, salir de una relación abusiva, o lo que es peor, le impedirá servir al Señor, y todos tenemos etiquetas.

La única solución que yo encuentro al problema de la autoestima dañada, que es la que permite el abuso de alguien en mi vida, es hacer la pregunta importante:

¿QUIEN TIENE EL DERECHO DE ETIQUETARTE?

La respuesta a esta pregunta es que aquel que quiera hacerlo debe tener estas tres características:

1.- Tiene que ser el que lo construye.- Todos tenemos ropa que tiene una marca y no le podemos cambiar el logo ni el nombre, ni tampoco copiarlo pues es propiedad del que inventó dicha marca.

Dios nos dice que Él es nuestro único creador. “¿Y así le pagas al Señor, pueblo tonto y necio? ¿Acaso no es tu Padre, tu Creador, el que te hizo y te formó?” (Deut. 32:6)

 2.- Tiene que ser el dueño.- Yo no puedo ir a su casa y decidir que cajón es el de la ropa interior, o que vasos son para tal producto. Solo el dueño tiene el derecho de decidir para que se van a utilizar las cosas.

La Biblia expresa con toda claridad: “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan” (Salm. 24:1)

3.- Tiene que ser el comprador.- Cuando usted compra algo le pone su nombre. Lo hacíamos desde chicos cuando nos comprábamos un cuaderno o una mochila para el colegio. De inmediato poníamos nuestro distintivo, y teníamos derecho pues eso era nuestro. La Palabra declara que Cristo nos compró: “Porque el que era esclavo cuando el Señor lo llamó es un liberto del Señor; del mismo modo, el que era libre cuando fue llamado es un esclavo de Cristo. Ustedes fueron comprados por un precio; no se vuelvan esclavos de nadie”. (1 Cor. 7:22 y 23).

La pregunta es entonces, ¿Quién tiene el derecho de etiquetarlo? Y al tratar de contestar dicha pregunta encontrará que ni usted, menos otra persona ajena a usted, cumple ni siquiera una de estas tres características. El único que la cumple es el Dios de la Biblia, el único con derecho a etiquetarme.

Entonces, usted no es quien su pasado, su cónyuge, sus padres, etc., dicen que es. Usted es quien Jesucristo dice que es, y todo lo demás son mentiras.

No estoy hablando aquí de su comportamiento, pues este puede estar equivocado, pero eso no lo define a usted como ser humano digno de amor y respeto. Estoy tratando de dejarle ver que usted es valioso para Dios, tanto que si usted hubiera sido el único ser humano sobre la tierra, Jesucristo hubiera muerto por usted,

Yo debo reservarle el derecho casi exclusivo de definirme como ser humano a Dios que conoce todos mis defectos y aun así me ama, y tanto lo hace que se sacrificó para que yo pudiera tener una relación con Él.

Tanto valemos para Él, que prefirió renunciar a Su Hijo, que renunciar a usted o a mí.

Es cuando tengo la seguridad de mi posición con Dios y lo que soy para Él, cuando puedo resistir todas las etiquetas que la gente me quiere poner, y entiendo que las únicas que tienen valor son las de mi Padre celestial.

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. (Rom. 12:2).

Y a esto solo podemos decir un sonoro Amén que significa “Así sea”

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