MENTALIDAD DE TEMPLO: EL MATRIMONIO

Otra de las cosas que Jesús transformó radicalmente en su movimiento y que fue totalmente nueva, fue la forma como enseñó sobre el matrimonio, y su posición al respecto, pareciera haber hecho dudar a sus propios seguidores de continuar con Él.  

Cuando nosotros no podemos entender completamente una cultura, la mejor forma de saber que tan revolucionario era un concepto, es ver la reacción de los que la escuchan y en este caso la reacción fue de estupefacción: Los discípulos Le dijeron: “Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse.” (Mt. 19:10).

Veamos algunas de las razones para esta reacción:

1.- A los ojos de la ley judía una mujer era una cosa.- Era propiedad de su padre, o de su marido; y por tanto no tenía realmente derechos legales. La mayor parte de los matrimonios los concertaban, o los padres, o algún casamentero profesional. Una mujer podía estar comprometida desde la niñez, o a menudo se la comprometía para que se casara con un hombre al que ni siquiera había visto. No tenían voz, su opinión no contaba, los hombres eran los que estaban más cerca de Dios y debido a esto un hijo varón era siempre esperado, una hija mujer casi que desechada, y su única aspiración era conseguir un buen esposo y dar descendencia.

2.- Este nuevo paradigma cambiaba el matrimonio de una dominación absoluta a una sociedad.- A los apóstoles les volverían a la mente muchos dichos rabínicos. Los rabinos tenían muchas sentencias sobre los matrimonios desgraciados. «Entre los que no contemplarán el rostro del infierno estará el que haya tenido una mala mujer.» ¡Tal persona se salvaba del infierno porque ya había expiado sus pecados en la Tierra! «Entre los que tienen una vida que no es vida está el hombre al que domina su mujer.» «Una mala mujer es como la lepra para su marido. ¿Cuál es el remedio? Que se divorcie de ella, y así se curará de su lepra.»  Hasta se llegó a establecer: « Si uno tiene una mala esposa, su deber religioso es divorciarse de ella.»

Para hombres acostumbrados a escuchar tales dichos, las demandas de Jesús eran algo asombroso y demandante. Si no se podían divorciar y el matrimonio se convertía en una mala situación no habría salida. Los hombres habían perdido su ventaja.

3.- Los regresó al principio de la creación (Mt.19: 1 al 9).- Al dejar claro que Moisés hizo una concesión, dada porque era mejor que les dieran carta de divorcio a que las mataran, ya que eran consideradas propiedad, Jesús les deja enseñanzas claras:

A.- Es una total consagración del uno al otro.

B.- Es la unión total de dos personalidades para compartir todas las circunstancias de la vida.

C.- Es la relación más importante del ser humano, después de la relación con Dios.

4.- Jesús culmina su enseñanza dejando claro que estos principios son para sus seguidores (Mt.19:11).- Solo un cristiano puede asumir la ética cristiana. Solo la persona que tiene a Jesucristo viviendo en su corazón y la continua dirección del Espíritu Santo puede edificar la relación personal que demanda el ideal del matrimonio. Solamente con la ayuda de Jesucristo puede uno desarrollar la simpatía, la comprensión, el espíritu de perdón, y el amor considerado, que requiere el verdadero matrimonio. Sin esa ayuda estas cosas son imposibles. El ideal cristiano del matrimonio implica el requisito previo de que los cónyuges sean cristianos.

Años después, el apóstol Pablo recoge estos principios del matrimonio enseñados por Jesús y los enseña a gentiles, usando la palabra sumisión, diciéndonos que nos sometamos unos a otros como para el Señor (Ef.5:21), algo que la mentalidad de templo rechaza, puesto que ahí, creemos que el hombre es más importante y que la sumisión debe venir solo de parte de la mujer.

Para los cristianos el matrimonio debe ser una competencia de sumisión, siempre dándole la preeminencia al otro. Mi pareja siempre es primero que yo, y debo amarla como Jesús me amó, debo ser para mi cónyuge un reflejo del amor que Cristo tiene por ella.

Más aun, esa sumisión no se la doy porque se la merece, sino porque es lo que Dios quiere de mí.

Se imagina lo que serían nuestra sociedad, si tuviéramos una o más pareja que se dedicaran a amarse el uno al otro como Cristo los ama. No habría nada más revolucionario en el mundo, y por supuesto, sería la más clara señal de que todavía tenemos esperanza de no deshumanizarnos cada día más.

En el movimiento de Cristo el matrimonio es un pacto, donde dos personas se hacen uno, ya no una competencia por quien domina al otro.

Una respuesta

  1. Tamara Cruz

    Hermoso

    marzo 20, 2015 en 10:56 pm

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