MENTALIDAD DE TEMPLO (2)

Por: Andrés Carrera

La historia del cristianismo nos deja ver como las cosas cambiaron desde cuando Jesús murió, a lo que tenemos ahora.

Cuando sucedió la muerte del Mesías, los nuevos creyentes no tenían Biblia, ni teología, ni sitio donde congregarse, ni un líder que fuera dejado por Jesús para continuar con el movimiento, solo tenían dos cosas: un líder resurrecto y el amor de los unos por los otros.

Armados solo con estas dos cosas el cristianismo se esparció de tal forma, que en solo 40 años, se conocía en todo el mundo conocido en esa época. Solo con esas dos cosas los cristianos transformaron el mundo, incluso llegando a personas que ni conocían el Antiguo Testamento.

El amor, incluso por los extraños y sus perseguidores se convirtió en la característica principal por la que el movimiento de Jesús era conocido, y llegaban a extremos como quedarse en la mitad de una ciudad asediada por una peste, cuidando a los enfermos, a riesgo de su propia vida. Mostraban el amor de Dios hacia la gente, mientras no se preocupaban por su propia muerte, ya que habían visto a su Maestro triunfar sobre ella.

De pronto, siglos después el cristianismo deja de ser la religión proscrita y pasa a ser la creencia oficial del Imperio. Se acabó la persecución, la cárcel, y la posibilidad inminente de muerte. Pero con esto, poco a poco, la mentalidad de templo se fue incrustando en el movimiento y empezaron a construirse sitios sagrados, a nombrarse personas sagradas que eran los únicos que podían leer los escritos sagrados y determinar que se debía y que no era permitido hacer, y el movimiento pasó a ser una religión más.

Pasaron los siglos y llegó el movimiento de “Sola Scriptura” y la reforma, y parecía que volvíamos a nuestras raíces de no pensar en términos de religión sino de forma de vida. Pero, poco a poco, el movimiento terminó generando la misma mentalidad de templo que existía hasta ese momento.

Ha llegado a mi atención, escuchando predicadores al respecto de éste tema, que hay 5 ideas principales que la mentalidad de templo ha cambiado de forma radical las raíces del movimiento de Jesús y voy a comentar una a una durante estas semanas.

La primera es sobre la estructura: LOS CREYENTES NO SOMOS UN REINO SOMOS UN CUERPO.- Por tanto, dejemos de buscar reyezuelos aquí en la tierra, porque Cristo no dejó superiores a otros, sino personas que son interdependientes la una de la otra.

Si yo le pregunto a usted quien es más importante, si el predicador o el que le pasa el agua, su mentalidad de templo dirá que el primero, pero en el movimiento de Jesús ambos son iguales, porque son parte del cuerpo con funciones diferentes, y si cada uno no realiza su función con excelencia, el cuerpo se enferma.

Tanto es así, que cuando Pilato le preguntó a Jesús si era rey, Él le dijo, que Su reino no era de este mundo, por tanto, no estamos aquí para instaurar un reino, eso será allá, no aquí. Aquí somos todos miembros de un mismo cuerpo (1  Cor. 12:12 al 21).

El rey no está aquí, así que dejemos de buscar reemplazantes o representantes de Él, salvo el hecho que TODOS somos embajadores de la reconciliación (2 Cor. 5:20). Cada uno tiene un rol especial y si usted no se involucra nos falta algo como cuerpo, hay un miembro que no está cumpliendo su función y nos dolemos todos.

Los representantes de Cristo estamos supuestos a trabajar en conjunto como un cuerpo, cada uno haciendo lo suyo. En el movimiento de Cristo las cosas no son sobre que hay para usted, son lo que usted puede hacer por otros y eso lo hará feliz.

En el movimiento de Cristo no se va uno a casa y alaba a Dios solo, ya que es un movimiento de comunidad para la comunidad, y si no estamos mostrando nuestro amor y nuestra disposición a servir no entendemos el seguir a Jesús, estamos siendo una parte amputada del cuerpo que no sirve para nada y estamos engañándonos pensando que estamos actuando como creyentes.

Esta es otra de las razones por las que me molesta tanto el cristianismo del siglo XXI. En las mega iglesias modernas nadie tiene dudas (y menos el “ungido” pastor o apóstol) que hay un principal, un “escogido” por Dios para manejar a las “ovejas”.

Nadie como él, puesto que Dios le habla con voz audible muchas veces, su comunión con Él es tal, que alguno de ellos se autotituló “el amigo de Dios”. Es tanta la “cercanía” con Dios que ellos le pueden decir a usted que hacer en cada situación, con la autoridad del mismísimo Señor, y le dicen que si usted se separa de la iglesia de ellos, solo le caerán maldiciones pues está renegando de su “padre espiritual”.

Hasta cuando nos vamos a dejar engañar, hasta cuando la comunidad cristiana no arremete contra estos aspirantes a jeques, dejando ver que lo que enseñan es verdadera apostasía.

Será que en algún momento podremos recobrar nuestras raíces donde no había jerarquías, donde lo único que importaba era cómo hacer funcionar bien el cuerpo, haciendo cada uno lo suyo, para que la gente que no era cristiana fuera impactada por el amor que nos dejó el Mesías resurrecto.

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