¿DE DÓNDE SACAMOS ESTAS IDEAS?

Por: Andrés Carrera

Siempre me ha defraudado la religión. Este continuo ciclo del tener que hacer algo, fallar, la culpa, pedir perdón y restituir, es una secuencia de cosas que agotan y solo llevan como mucho a tranquilizar mi conciencia, pero jamás a una relación con Dios que me llene y me permita crecer espiritualmente. 

Uno supondría que los cristianos aprenderíamos la lección de otras creencias, sin embargo, uno encuentra conceptos entre nosotros, que realmente sorprenden por lo mucho que dejan ver la ignorancia absoluta sobre lo que la relación con Dios es, como la debemos buscar y que se nos ofrece al tenerla.

En estos últimos días, personas que han ido a hacerme consultas me han repetido tres ideas que considero muy arraigadas entre los creyentes y están totalmente equivocadas:

1.- La confesión.- Hemos cogido el versículo de 1 de Juan 1:9 que dice “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad”, y lo usamos como quien encontró el error en la Iglesia Católica y ha eliminado el intermediario.

Lo que hacemos es entrar en el misma secuencia religiosa sin darnos cuenta que eso no es lo que se espera de nosotros. No se supone que usted todos los días antes de dormir le diga a Dios, “Señor perdóname cualquier pecado que haya cometido.”

Que le parecería una relación donde todos los días usted le dice al otro: “Si te he hecho algo perdóname” y así día a día en su vida, o peor aún, una donde lo ofendan seguido, pidiendo perdón, pero sin cambiar nada, y el ciclo de dolor continúa.

Usted y yo entendemos que usted se saldría de una relación así, sin embargo, cuando se trata de nuestra relación con Dios, vamos con suma facilidad al rito y al ciclo religioso del primer párrafo.

En una relación con Dios, usted busca estar pegado a Él (vea el artículo de la semana pasada) y al crecer en su conocimiento, hacer cada vez menos las cosas que le desagradan y que encima nos hace daño.

No es que vivimos como nos parece y si nos equivocamos sacamos la carta de la manga, que es el versículo, sino, que día a día soy más como Él y menos como yo, permitiendo que Él maneje mis pensamientos, sentimientos y obras.

2.- La vida eterna.- Hemos puesto a la vida eterna como el premio final de una vida dedicada a Dios. Conectamos al cielo con ella, y creemos que la tendremos cuando finalmente nos muramos y nos den un “cuerpo glorificado”.

No nos damos cuenta que la Biblia dice que estamos viviendo esa vida eterna desde ya: ”Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado” (Jn. 17:3)

Como usted puede leer, si yo invité a Cristo a ser mi Señor y Salvador,  ya estoy viviendo esa vida eterna, y debo empezar a gozar de sus privilegios: unidad con Dios, paz a pesar de las circunstancias, apego cada vez menor a lo que este mundo ofrece, etc.

Si en lugar de estar preocupado por cumplir con Dios me dedicara a profundizar mi relación empezaría la transformación que se completará el día que vaya a Su presencia.

¿No le parece que es mejor llegar entrenados a Su presencia?

3.- Dios desea mi felicidad.- Para esta afirmación no tengo ningún versículo bíblico, porque simplemente no existe nada en el libro, que diga que Dios desea su felicidad. Usted quiere su felicidad y de alguna manera cree que si Dios lo ama Él deseará lo mismo.

Nada más equivocado. Dios no quiere que usted se acostumbre a este mundo o peor que le guste y se quiera quedar.

Usted debe sentirse como “extranjero y peregrino” y para eso su búsqueda debe ser lo que Cristo quiere de usted, no lo que el mundo le vende como felicidad, que encima nunca alcanzará.

Piense en lo siguiente: sus apetitos jamás serán saciados, porque apenas compra algo ya quiere otra cosa, porque como esto no le dio felicidad, entonces tal vez si lo combino con esto otro, la obtendré.

Déjeme darle un ejemplo claro: ¿Ha visto a alguien con un solo tatuaje? Los pocos que solo tienen uno, le garantizo ya están pensando o soñando con el otro y donde irá, porque como en todo, mis apetitos carnales nunca se sacian. Alimentemos y el hambre de más seguirá.

Deje de meter a Dios en su insaciable búsqueda de obtener más, y si va a orar, hágalo para que le muestre como llegar a ser un varón (o mujer) perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo, y no para pedirle más y más.

Es en la búsqueda de la intimidad con Él, donde uno deja de pensar en cual religión es la verdadera, y donde se da cuenta lo que significa UNA RELACIÓN CON DIOS.

¿No valdrá la pena dejar nuestras falsas concepciones por encontrarla? Creo que la respuesta es obvia.

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