APRENDIENDO A AMAR Y ABORRECER CON CRISTO Y COMO CRISTO

Hola a todos: Esta semana les traigo un artículo del profesor Juan Stam, sobre un tema, que sé que los dejaré pensando: ¿Se aborrece como Cristo?

Andrés

APRENDIENDO A AMAR Y ABORRECER CON CRISTO Y COMO CRISTO (APOC 2:6)

Por: Juan Stam

Dos paradojas de la iglesia de Éfeso: Aprendiendo a amar y aborrecer con Cristo y como Cristo.

(Apo. 2:1-7)  “Conozco tus obras, tu duro trabajo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles pero no lo son; y has descubierto que son falsos. Has perseverado y sufrido por mi nombre, sin desanimarte. Sin embargo, tengo en tu contra, que has abandonado tu primer amor……

Pero tienes a tu favor que aborreces las prácticas de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco”.

Entre los muchos detalles fascinantes del mensaje de Jesús a la iglesia de Éfeso, y las muchas lecciones que nos enseña, dos paradojas sorprendentes me llaman poderosamente la atención.

(1) El diagnóstico de esta congregación es impresionante: trabajo arduo, rigor doctrinal y perseverancia bajo persecución. Pero si ellos habían perdido el primer amor, ¿cómo pudo ser una iglesia tan ejemplar? ¿Qué les movía a tanto sacrificio y tanto servicio al Señor?

(2) Si Cristo la declara una iglesia caída y los exhorta a arrepentirse, so pena de perder su candelabro, todo por haber perdido el primer amor (2:5), ¿cómo es posible que a continuación les felicita no por algo de amor que les hubiera quedado sino que les felicita por aborrecer algo: la doctrina y las obras de los nicolaítas (2:6,14-15)? ¿Cómo pudo Jesús reprenderlos por su falta de amor y en seguida felicitarlos por su “odio” (gr. miseô)? Al fin de cuentas, ¿qué significan “amar” y “aborrecer”?

No sabemos cuál fue el amor que abandonaron los efesios (¿amor a Dios, al prójimo u otro? ¿Sentimientos de afecto o la praxis, amor en acción? cf. 2:5) pero la descripción de la congregación efesia nos permite suponer que seguían con sus cultos, leían la Palabra, cantaban himnos y evangelizaban. Tal vez habían caído en un activismo de rutinas religiosas. Tal vez sentían placer al ejercer su autoridad como iglesia madre de la zona, que podría también haber motivado su actividad.[1]

Es evidente — y muy sorprendente — que Jesús no ve este odio[2] contra el nicolaitismo como una prueba más de que los efesios habían perdido el primer amor; al contrario, lo ve como algo bueno que no perdieron cuando abandonaron el primer amor. Con agregar “las que yo también aborrezco”, Jesús aprueba y endosa ese odio.  Se trata de odiar con Cristo, lo que él odia, como él odia. Como actitud y acción, no puede ser una rabia odiosa ni un colerón desenfrenado o un resentimiento amargado, pero tampoco es un simple desacuerdo pasivo. Creo que puede entenderse como un repudio vehemente, expresada en palabras y acciones. Corresponde a la función de denuncia de la vocación profética.

Los evangelios nos muestran cómo sería “odiar como Jesús”.  San Marcos cuenta dos veces que Jesús se enojó, una vez con los fariseos (Mr. 3:5) y otra vez con los mismos discípulos (Mr. 10:14). A menudo sus acciones y palabras eran fuertes y hasta ofensivas e hirientes.[3] Con los fariseos agotó el vocabulario de insultos (Mat. 23; 16:3-4), a Pedro lo llamó Satanás (Mt. 16.23) y a los discípulos “torpes” (NVI; “insensatos” RVR). Pero ante las acusaciones falsas en su juicio, cuando tenía todo el derecho de defenderse, no abrió la boca (Mt. 26:62-63; Mr. 14:61). Encendido por el celo de la casa de su Padre (Jn. 2:17), actuó con energía profética, pero a la hora de defenderse ante sus acusadores, se calló.  Jesús supo enojarse, pero también supo callarse y supo perdonar.

Nuestro concepto moderno de “amor” como ausencia de conflicto y confrontación, difiere marcadamente de la dialéctica bíblica de amor y odio (ira, enojo) divinos, humanos y cristianos. En el pensamiento bíblico, el odio de Dios es otra expresión de su amor, como el Dios del amor que aborrece y del odio que ama. Según las escrituras, Dios ama la justicia y el bien, y precisamente por eso odia la injusticia y el mal. Veamos:

Textos sobre el odio y el enojo de Dios:

Dt. 7:25-26 Dios aborrece la idolatría y nos manda aborrecerla también al 5:5 Dios aborrece a todos los que hacen maldad (cf. Sal 11:5,7).

Prv 6:16 Seis cosas que Dios odia (la altivez, derramamiento de sangre, etc.).

Zac 8:17 Aborrezco [Dios] la mentira, malicia, maldad, trampas, falso testimonio.

Sal. 97:10 Dios ama a los que aborrecen el mal.

Dios nos manda odiar lo que él odia:

Am. 5:15 ¡Odien el mal y amen el bien! Hagan que impere la justicia en los tribunales…

Prv. 8:13 Quien teme a Yahvé aborrece lo malo (orgullo, arrogancia, mala conducta, lenguaje perverso).

Prv. 13:5 el justo aborrece la palabra de mentira.

Rom. 12:9 Aborrezcan el mal, aférrense al bien.

Miq. 3:2 Ustedes odian el bien y aman el mal.

David como ejemplo del amor que odia:

Sal. 45:7 Tu (David) amas la justicia y odias la maldad; por eso Dios te escogió.

Sal. 119:113 Aborrezco a los hipócritas, pero amo tu ley.

Sal. 119:162-3 Aborrezco y repudio la falsedad pero amo tu ley.

Sal. 139:21 ¿Acaso no aborrezco, Yahvé, a los que te odian, y abomino a los que te rechazan?

Estos desafiantes textos bíblicos de ninguna manera justifican el “odio” en el sentido moderno, pero sí cuestionan la fuerza del amor que profesamos y la integridad de nuestro compromiso con el reino de Dios y la verdad. Es cuestión de un amor integral, lo que Camilo Torres llamaba “amor eficaz”. Entonces estaremos en primera fila entre “los indignados”. al lado de nuestro Dios y Salvador, los primeros indignados.

En gran parte de las iglesias evangélicas de América Latina, especialmente las mega-iglesias, está prohibido cuestionar lo que diga el pastor, y peor si es “apóstol” o “profeta”. Es una especie de mordaza, de censura del derecho de “examinarlo todo”. Eso permite nacer y crecer como cizaña toda clase de especulación y hasta herejías disfrazadas de profundas “verdades” nunca sospechadas antes. Esta acriticidad, especialmente en asuntos de exégesis bíblica e interpretación teológica, es una verdadera plaga en la iglesia contemporánea.

Por otro lado, y también en parte por esa misma situación que prohíbe la sana crítica, brota por algún otro lado la crítica malsana e irresponsable que ha arruinado muchas congregaciones y el ministerio de muchos pastores y pastoras. La iglesia está entre dos plagas, la acriticidad sumisa y la criticonería mal intencionada. Ambas son fatales. ¡Que Dios nos agarre confesados!

Una respuesta

  1. marco erazo proaño

    Esto nos recuerda que primero está Dios Jehová antes de todo y todos.

    julio 13, 2014 en 1:55 am

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