VIVIENDO EN MEDIO DE UNA CULTURA DE PECADO

Por: Andrés Carrera

Es común ver a los cristianos descorazonados y quejándose por la incontenible cantidad de pecado que nuestra cultura, ha llegado no solo a tolerar sino incluso a ponderar.

Vivimos en una cultura donde se pueden abortar niños, pero no se pueden tocar los huevos de un águila, donde el hacer justicia depende no de quién tiene la razón, sino del peso de sus amistades o dinero, donde se usan los recursos públicos para ganancias personales, y el Señor nos pide que vivamos fielmente y  en santidad en medio de ella.

Vivimos en medio del narcisismo, decadencia moral y caos social, así que nos descorazonamos. Es como vivir en una segunda Babilonia.

En el año 596 A.C., llega a Israel un rey poderoso llamado Nabucodonosor y aplastó Jerusalén, llevando consigo 1.000 presos a Babilonia, una travesía de unas 600 millas que llevaría aproximadamente 3 meses de viaje, que pasarían a ser esclavos en una ciudad maravillosa, pero donde la ley de Moisés no era la ley de la tierra, las costumbres eran diferentes, la comida era otra, y las enseñanzas morales eran totalmente diferentes a lo que era en su tierra.

Lo que empezaron a hacer, es lo mismo que hacemos nosotros: quejarse. Quejarse de los colegios, de la iglesia, del tráfico, etc. Pero lo sorprendente, es que en medio de esta realidad Dios no les dice sepárense, vivan recluidos, o hagan una comunidad de solo ustedes, sino que más bien  les da tres lecciones que nosotros debemos aprender, para vivir en un medio donde el pecado gobierna la cultura. Aquí la enseñanza:

“Ésta es la carta que el profeta Jeremías envió desde Jerusalén al resto de los ancianos que estaban en el exilio, a los sacerdotes y los profetas, y a todo el pueblo que Nabucodonosor había desterrado de Jerusalén a Babilonia…. Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que he deportado de Jerusalén a Babilonia: «Construyan casas y habítenlas; planten huertos y coman de su fruto.  Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. Multiplíquense allá, y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.»(Jer. 29:1,4 al 7).

Antes que mirar cualquier otra cosa, lo primero que debe observar es que Jeremías se la envía a los creyentes (judíos) que están en el exilio. A los cautivos culturales.

Aquí quedan establecidas tres lecciones:

  1. TEOLÓGICA (Mira hacia arriba).- Yo soy el Dios todopoderoso, les dice, el Dios trascendente y no es donde tú quieres estar, es donde Yo quiero que estés, y esto se los repite en el v. 4, 7 y dos veces en el 14. Nabucodonosor no era sino un instrumento para lo que en ese momento era un castigo por la desobediencia.  Deja de mirar para atrás, deja de quejarte, no es que el pasado siempre fue mejor (Ec. 7:10), la sociedad siempre ha estado viviendo como si Yo no existiera. Voy a trabajar en ti, para que lleves a cabo mis planes. Lo mismo nos dice a nosotros hoy, mira para arriba, Yo voy a cumplir Mi palabra en ti, en medio de esta generación adúltera (Salm.57). En medio de su desesperación por lo que ve en la cultura, deje de contemplarla y mire a Dios.
  2. ÉTICA (Mira al frente).- Como debes vivir. Construye casas, pero hazlos hogares, porque no estás ahí de vacaciones. Coge la sociedad como es, e interactúa con ella y se dé bendición. Vive en ella, pero muestra lo diferente que alguien que sirve a Dios es, se creador dentro de ella, pues eres mayordomo de Dios en ese sitio.  Se excelente en lo que haces, demuestra que tu temor de Dios te hace estudiar más, ser mejor profesional, ser un empleado más honesto, y un empleador más justo. Si no lo haces, el nombre de Jehová no será alabado en tu círculo, debido a tu testimonio. No puede ser, que los cristianos seamos los peores profesionales, los peores empleados, tanto que los empresarios no quieran contratarnos, porque perdemos el tiempo por el que nos pagan disque en “asuntos espirituales”. Debemos ser competentes, sin dejar de ser santos y buenos.  Una sociedad se cambia con oración (y debemos interceder por ella), pero también con el testimonio de los hijos de Dios, de que estamos allí para ser de bendición para ella en todo lo que hacemos, en los ámbitos donde nos desarrollamos, y tenemos que incluirnos en cada área de la sociedad: política, medicina, leyes, etc.  Entra en el núcleo de la sociedad y que ahí se alabe al Señor por ti. Crea hogares en lugar de casa, y enseña como Jehová cambia las relaciones.
  3. ESPERANZA (Mira hacia adelante).- Observa este versículo del mismo pasaje de Jeremías: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. (11). Nosotros estamos equipados para transformar la sociedad, aunque no veamos ese cambio en nuestra generación, puesto que históricamente toda transformación de la sociedad ha demorado más de una. Dios sabe lo que hace, y como Él se deleita en la justicia, nosotros debemos buscarla, protestando contra el pecado como hizo Juan el bautista aunque le costó la muerte. Aun en el momento más oscuro, la esperanza está de pie, puesto que es la esperanza puesta en Él, y por tanto tenemos que seguir diciendo la verdad, aunque nos traiga dificultades como cuando hablamos contra el matrimonio gay por ejemplo.

No se enfoque en usted mismo, mire para arriba donde está Dios, al frente, donde está la gente que tienes que bendecir, y para adelante donde está la esperanza de un cambio.

Recuerde siempre esto: Para ganar al mundo para Cristo debemos tener el coraje de entrar en conflicto con él, y esa valentía para enfrentarlo debe venir de mi relación con el Señor.

No se rinda, siga adelante y cuando le falten fuerzas recuerde que cuando todo parecía perdido,Él resucitó.

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