CAPITÁN MANDA

Por: Andrés Carrera

Antes de que existieran los video juegos, los niños nos divertíamos jugando cosas en los patios o calles.

Entre otros juegos, uno que nos divertía mucho se llamaba “Capitán Manda”, que se trataba que una persona hacía algo y el resto de jugadores tenía que imitarlo exactamente. A medida que uno se equivocaba, iba saliendo del juego o teniendo una penitencia.

En las iglesias parece que jugamos este juego, sino que se llama, ”Jesús Manda”. Y es que todo para nosotros es lo que se puede y no se puede hacer, con mayor énfasis en lo segundo, dando a entender que lo que tenemos es una serie de reglas, que al ser cumplidas seremos declarados el “niño bueno” de la iglesia, y si no Cristo nos castigará o al menos estará enojado con nosotros o triste.

El otro día vino a buscarme uno de mis mejores amigos, y como es habitual empezamos a hablar de Biblia. Él había estado con una serie de inquietudes sobre el pecado y había visitado a unos sacerdotes, para entender la diferencia entre pecados veniales y mortales y de cómo se trabajaba con el pecado en la vida de uno.

Mi respuesta a su inquietud lo sorprendió mucho, y mi mayor preocupación es que aquí está la diferencia entre preceptos religiosos y Cristo, y en nuestras enseñanzas no se le da a esta verdad el énfasis debido.

El mayor problema en cristianismo, respondí, no es entender el pecado o preocuparnos por él. El centro del cristianismo está en una relación con Cristo, y no en no pecar. El énfasis bíblico no está en que no peques, está en que seas más como Jesús.

El problema pecado ya fue solucionado en la cruz, pero nosotros no nos apropiamos de esa solución, porque estamos tratando de pagar por ellos de alguna forma (confesión, penitencia, culpa, etc.), en lugar de tomar la gracia y aceptar el pago y entregar nuestra vida a Él.

La religión nos dice “cambia y luego ven”, Jesús dice “ven y yo te cambio” porque es la relación con Él, la que nos santifica y nos hace como Él, que es nuestra meta final.

Sólo el que no entiende la gracia puede seguir pensando todo el día en el pecado, como que al evitar hacerlo va a mejorar su relación con Dios, o ganar puntos con Él.

Permítame darle un ejemplo clarísimo: Jesús llama a Mateo que es un cobrador de impuestos, y por tanto, un traidor al pueblo judío. De hecho, como medición de pecado de los judíos este estaba en el principio de la lista, como lo peor que se podía hacer. Traicionar a los tuyos y cobrar impuestos para Roma solo porque tú te quedabas con una parte, hacía de ellos unos verdaderos  parias de la sociedad junto con las prostitutas.

Le dice: “Sígueme”, sin condiciones, sin arreglos antes, sin cambio de vida, sin arrepentimiento, sin confesión, sin incluso creer completamente que Jesús era el Mesías. Ni siquiera le pide cambiar de amigos, ya que lo primero que hace es ir a cenar donde Mateo con otros publicanos. Cuando los fariseos se ponen bravos por esta actitud de un Rabí (que debería solo juntarse con santos hombres de Dios según ellos), Él les dice que no ha venido a llamar justos, sino a los pecadores al arrepentimiento. (Mt.9:9 al 13)

¿Dónde observa aquí que Jesús le deje ver a Mateo que tiene que cambiar para relacionarse con Él? Lo que uno observa es un Jesús dispuesto a aceptar a la gente como está en el momento en que se contactan con Él. De hecho, ser pecador es un pre-requisito para relacionarse con Él. Si usted se cree justo, no necesita a Jesús para nada.

¿Dónde ve usted  aquí que Mateo tiene que saber si su pecado era venial o mortal, o si tenía que confesarlo ante otros o ante Dios? No, eso vendrá después de la relación. 

Lo primordial del mensaje cristiano es que usted puede tener una relación con Cristo ya, si usted está dispuesto a que Él sea el Dios de su vida, y lo que debe hacer saldrá de lo profundo de la relación entre usted y El, y no de leyes y regulaciones que solo sirven para que vea lo inútil que soy para cumplirlas.

Definamos las cosas con claridad: el pecado es un problema en la relación mía con Dios, por supuesto que sí. Soy un creyente digno del cielo si dejo de pecar, por supuesto que no.

Si yo tengo una relación con Cristo voy a la eternidad con El, y a medida que mi intimidad con Jesús sea más fuerte, mi vida espiritual será tan intensa que reduciré sustancialmente mis pecados.

Tratar de solucionar el problema por la vía de la disciplina y de ahí ofrecer mi vida a Dios no es solo anti-bíblico, sino también inútil, pues no conseguiré sino frustración, hasta que llegue a la conclusión que la vida cristiana no es para mí y me vaya para siempre de la Iglesia.

Los que estamos en el liderazgo cristiano de alguna forma, tenemos que hacer que los demás entiendan que no jugamos a “capitán manda” espiritual, sino que estamos en una relación amorosa seria con el Señor Jesucristo y que a la luz de ella defino lo que hago con mi vida.

Enseñémosle a la gente a buscar la relación y no la regulación, la intimidad con Él y no sólo el evitar pecar, el conocimiento de Él y no la emocionalidad, la misericordia y el amor y no el juzgamiento, y el hacer sacrificios o penitencias a Dios.

Quien sabe, tal vez y entendamos que hemos estado hablando de la revolución equivocada, ya que ésta no es una revolución hacia la obediencia, es la revolución del amor que lleva a la obediencia.

Y es que eso hace toda la diferencia en nuestro mensaje.

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