LAS CARICATURAS QUE NOS HACEMOS DE JESÚS

Por: Andrés Carrera

Una de las cosas que me resulta más sorprendente es la imagen que nos hacemos, los que nos llamamos cristianos, de Dios y Jesús. Pareciera que cuando vamos a Él, lo hacemos con la expectativa de lo que vamos a sacar para nosotros de esa relación, y cuando ésta no nos da lo que esperábamos, nos frustramos.

Pregúntese entonces: ¿Qué esperaba cuando le entregó su vida a Cristo? Tal vez ahora recibiré mi sanidad, mi aumento de salario, mi amor de toda la vida, seguridad financiera, etc. y de inmediato cabrían estas otras ¿le entregó su vida a Cristo porque lo ama o porque se ama a usted mismo? ¿Se ha dado cuenta que el camino hacia una relación con Cristo, empieza con la auto-negación?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt. 16:24).

Solo cuando uno no conoce la Palabra puede pensar que Jesucristo es uno de estas caricaturas:

1.-   El Jesús genio de la lámpara maravillosa.- Sé que tengo limitados deseos para que sean concedidos, pero cuando realmente quiero algo, voy a sobar mi Biblia, o algo que considero espiritual, para que me sea concedido.

2.-   El Jesús “Papá Noel”.- Este es el más frecuente. Como estoy cumpliendo, espero que Dios me dé “regalos”, que son merecidos por un “niño bueno”.

Yo no soy un hombre que me guste madrugar, sin embargo, me levanto a mis devocionales. Me cuesta diezmar, pero lo hago regularmente, y espero mi premio. Él estará siempre pendiente de mí y de mis cosas, puesto que yo vivo con más méritos que deméritos, mi balance de vida es favorable. Todos tranquilos, Él nos cuida siempre, nada nos pasará. Mientras yo me porte bien, mi lista de deseos está a salvo.

Espero que Dios haga lo que puede hacer, y como es omnipotente, creo que hará lo que le pido, ya que Él bendecirá a los obedientes.

3.-   El Jesús salvador.- Esta es la más “espiritual” de las tres. Realmente no quiero ir al infierno, así que, ya que Cristo me puede salvar de esa horrible realidad, lo acepto para librarme del castigo, pero no estoy interesado en que Él sea el Señor de mi vida.

Estas tres caricaturas, están llevando a muchos a adorar a un Salvador inexistente. No  están leyendo la letra pequeña en el contrato.

La letra pequeña es que yo tengo que negarme a mí mismo, el coger mi propia cruz. Recuerde la cruz es el equivalente a nuestra silla eléctrica. Cuando me identifico con la cruz, me identifico con el sufrimiento y la vergüenza.

El seguir a Cristo es el negarse a sí mismo y el convertirse en direccionalmente obediente. Vivo la vida como Él quiere que  viva y soy bienaventurado si no me avergüenzo de Él.

Para Dios incluso, lo importante no es solo la forma como vives, también es la forma como mueres. “Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad” (Heb. 11:35).

No sé si nos queda claro, si la forma como muero glorifica a Dios y hace que debido a eso, otras personas crean en Jesús, entonces el sacrificio de mi vida bien vale la pena. Acuérdese, el día que usted muere para Dios no es una tragedia, es el recibir a su hijo que llega a casa.

Veamos la vida de Juan el bautista como un ejemplo claro:

–    Hombre que fue profetizado en la Escritura, para ser el precursor del Mesías. (Is.40:3)

–    Vivía de una forma santa, dedicado al propósito que Dios tenía para él. (Mrc.1:4 al 8)

–    Fue reconocido por Cristo como el hombre más importante que había vivido. (Lc. 7:28)

Si hay alguien que merecía ser tratado con consideraciones especiales, ese fue Juan el bautista.

Recorramos sus últimos días para ver que sucedió:

–    Debido a su denuncia del pecado, a hacer lo que fue mandado a hacer, cae preso. (Mt.14:3 y 4)

–    Estando en la cárcel hace un acercamiento a Jesús, preguntando si es el Mesías. (Lc.7: 18 al 20)

–    Jesús declara a los discípulos de Juan que si lo es, pero ha decidido no hacer nada para ayudar  a este siervo ejemplar (Lc. 7:21 al 23)

–    Juan termina decapitado por un rey impío, debido a su denuncia, en obediencia a la Palabra de Dios. (Mt. 14:1 al 12)

¿Por qué Cristo decidió no hacer nada ante este hombre en problemas? ¿Por qué le dejó ver que si era un hombre que podía hacer milagros, y que el suyo había sido negado?

Simplemente, porque Juan entregó su vida a Dios, y el dueño de ella decidió que su misión estaba cumplida y era hora de regresar a casa.

Esto no ha cambiado y para probárselo déjeme informarle que el año 2013 los asesinados por su fe, duplicaron el número con respecto al 2012.

Mientras esto pasa, en el mundo occidental, estamos dedicados a diluir el mensaje, para que sea atractivo y no ofensivo a los paganos.

La relación con Dios, no se basa en que Él impida que le pase algo malo, o que todo le vaya bien. Se basa en que su vida se centre en Él y lo que tiene para su vida, que aunque parezca algo malo, será la auténtica bendición de su vida.

La bendición entonces, no es que esté tranquilo y sin problemas, es como la obediencia y centrar su vida en Él, le hace vivir con propósito y gozo, a pesar de las dificultades, y a veces, de la persecución.

La bendición no es hacerlo feliz, es hacerlo cada día más como Jesús.

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