La Necesidad de un Dios Trino

Por Andrés Carrera

Ya que la palabra “Trinidad” no aparece en la Biblia, algunos se preguntan si simplemente la iglesia primitiva inventó esta doctrina.  El término viene de la palabra latina trinitas.  Fue usado por Tertulio, uno de los padres de la iglesia (160 a 230 DC), quien escribió acerca de “la trinidad de una divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Para empezar dejemos algo claro: el hecho de que un término no aparezca en la Biblia no invalida la doctrina.  Muchos conceptos bíblicos son transmitidos por términos que no existen en la Palabra.  El mismo término Biblia, u otros como canon e inerrancia, que es la doctrina que sostiene que la Biblia no tiene error, no aparecen.  Nada en el texto prohíbe el término de palabras extra bíblicas para expresar apropiados significados.  Aunque la palabra Trinidad no aparece, la Escritura claramente la revela.

Déjeme poner la doctrina de la Trinidad en seis proposiciones bíblicas básicas:

  • Hay un solo Dios (I Timoteo 2:5).
  • La persona del Padre es Dios (2 Ped. 1:17).
  • La persona del Hijo es Dios (Tito 2:13).
  • La persona del Espíritu Santo es Dios (Hech. 5:3-4).
  • El Padre, Hijo y Espíritu Santo son personas distintas y distinguibles (Lucas 3:22).
  • Las tres personas (El Padre o Dios; el Hijo o Cristo o el Señor; y el Espíritu Santo o Espíritu) son colocados frecuentemente juntos en un padrón triádico de unidad e igualdad (Jn. 14:26).

Así la doctrina de la Trinidad es derivada directamente del contenido de la Escritura.

Aunque los apóstoles de Jesús eran judíos y por tanto, monoteístas convencidos, no dudaron en reconocer que las otras dos personas (el Hijo y el Espíritu Santo) eran Dios y que todas las tres personas poseen las cualidades y prerrogativas de la deidad.  Los Apóstoles modificaron su tradicional judaísmo monoteísta a la luz de la revelación concerniente al Hijo (Jesús) y al Espíritu Santo.

Las diferentes versiones del “unitarismo” como los Testigos de Jehová, los Jesús solo, etc. y diferentes religiones como la musulmana y el judaísmo no cesan de atacar al mundo cristiano por esta doctrina que consideran equivocada, blasfémica e incluso herética.

Creo que es necesario que los cristianos entendamos lo importante de esta doctrina y aprendamos a amarla y a defenderla, porque un Dios que es uno solo tiene un problema conceptual realmente ineludible.

Imaginemos por un momento que Dios es uno solo, entonces antes de crear ¿a quién amaba Dios?

Si usted me responde que se amaba a sí mismo, entonces tenemos el problema de un Dios centrado en Él mismo, lo que imposibilita de amar a nadie más.  En el egocentrismo y la arrogancia no hay lugar para amor a los demás.

Si me contesta que expresa su amor con la creación, entonces tenemos otro problema, porque ese Dios necesita de su creación para ejercer el atributo que la Biblia distingue como el principal, ya que se nos dice que Dios es amor (1 Jn. 4:8). Ninguno de los dos credos del unitarismo, aceptaría que Dios depende de algo de su creación, ya que es todopoderoso y no tiene dependencia de nadie.

Siguiendo esta línea de pensamiento, tampoco puede Dios ser dos, ya que, un amor entre dos no admite la inclusión de otra persona, este amor se convierte en excluyente.  Piense en las personas enamoradas y pregúntese si en esa etapa ellos piensan en alguien más.

La única manera de que el amor de Dios se manifieste perfectamente antes de la creación, es que sea mínimo tres, ya eso hace que Dios no dependa de su creación, que no sea un amor que evite la entrada de nadie más y peor un amor centrado solo en Él mismo.

Es cuando veo la relación entre los miembros de la Trinidad, como se respetan el uno al otro, como se dan honor, se aman, etc. y que han tenido esa relación desde la eternidad, cuando veo el ejemplo de lo que debemos hacer nosotros como creyentes.

Qué hermoso es saber que Dios es amor, que lindo ver que se han amado por siempre y que ese amor que se tienen entre los tres, es el que ahora está a mi disposición y que yo puedo dar a los demás.

Qué alegría tan grande servir a un Dios trino que no me necesita y que sin embargo me ha hecho partícipe de la relación más sublime que existe: aquella entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que se derrama hacia una inmerecida criatura como yo.

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