¿SERÁ QUE SOY RICO? (3)

Por: Andrés Carrera

Para finalizar esta serie de artículos, quiero concentrarme en la última recomendación que le da Pablo a su discípulo Timoteo, en el capítulo seis de su primera carta, versículos 17 al 19. Esta última se resume en que sean generosos y hagan buenas obras puesto que no viven para este mundo sino para el que está por venir.

Como expresé en el primer artículo de esta serie, lo que cambió al mundo en el primer siglo y siguientes, no fue la excelsa teología, ni los éxitos que tenían en los negocios, etc. fue el tremendo desprendimiento con el que vivían los cristianos, amando a los demás como a ellos mismos.

La razón de esta forma de vida, eran las enseñanzas de Jesús que podríamos resumir así:

1.- Dios no mira cantidades sino porcentajes.- Vea el pasaje de Marcos 12:41 al 44. Mire como Jesús les hace ver a los discípulos algo que no quería que se perdieran. La viuda dando menos que nadie más, estaba impresionando a Dios, pues daba el 100% de lo que tenía. Y es que a Dios no le impresionan las cantidades, sin importar cuantos ceros tengan, lo que Él quiere ver es nuestro convencimiento de que es lo más importante,  que prefiero sembrar en el Reino (que no es el dar algo a la iglesia solamente) que acumular bienes.

2.- Vivir para amasar fortuna no tiene ningún sentido.- La parábola de  Lucas 12: 16 al 21 nos lo deja ver con claridad. Tanto entregar mi vida para tener bienes materiales para terminar muriéndonos y dejando todo aquí.

Piense en los hombres más ricos y poderosos del mundo en toda la historia y note cuanto se llevaron a la otra vida, y es exactamente lo mismo que la gente más pobre del mundo: nada.

El punto de Jesús es no vivas para este mundo vive con los ojos puestos en la eternidad, y el uso de su dinero debe reflejar exactamente eso.

3.- En cristianismo el amor a Dios se expresa tanto a Él como a sus criaturas.- Este fue uno de los pensamientos revolucionarios de Jesús. Hasta ese momento todas las religiones enseñaban que cuando uno quería estar bien con su dios, iba y le entregaba una ofrenda a través del sacerdote que estaba en el templo sea este Apolo, Zeus, Diana o cualquier otro.

Jesús no rechaza el hecho de que hay que dar estas ofrendas pero incluye otro elemento al uso de nuestro dinero y vida: el hacer bien a los demás. Pasajes como Mateo 6:38 al 48 para poner solo un ejemplo, nos dejan ver que para Dios, lo que hacemos por otra de sus criaturas demuestra que tenemos una relación con Él. Hacer el bien a los demás es parte fundamental de nuestro amor a Dios.

Hace mucho tiempo escuché a uno de estos predicadores de la prosperidad dar el fundamento básico de esta falsa doctrina. Dijo él:

“Si tu vecino te ve que le pides azúcar, porque no tienes como comprarla, nunca va a querer saber de tu dios, ya que para que quiero servir a un Dios que paga tan mal, que tiene a sus siervos tan mal remunerados. No, Dios quiere que tú seas próspero, para que entonces vea la gente como Dios paga a sus siervos, y se interesen por seguir a este dios que bendice a sus hijos”.

Cuando uno lo oye sin saber mucha Biblia, suena lógico, peor cuando es una mentira que nos encantaría que fuera cierta. Dios me da de sobra, y yo comparto lo que me sobra con el que no tiene y encima lo evangelizo debido a como soy bendecido.

Como ya expresé en los artículos anteriores lo que el dinero logra es que yo cierre la mano y no que me vuelva más generoso porcentualmente, y que empiece a confiar en las riquezas y no en Dios.

Lo que cambia al mundo es la generosidad, el amor incondicional entregado a gente que aparentemente no se lo merece. Lo que hace que la gente vaya a Cristo es ver el ejemplo de personas que no viven para este mundo. Solo lea uno que otro capítulo en el libro de Hechos y esta realidad le saltará a la vista.

Entonces, la pregunta que yo debo hacerme es la siguiente ¿cómo hago para que mi confianza no este nunca en el dinero?

La respuesta práctica está en cómo presupuesto el dinero y que hago primero.

Lo primero que debo hacer cuando planeo mis gastos, es decidir con cuanto de lo que gano voy a vivir y cuanto voy a entregar. Entonces, por ejemplo, si decido que voy a vivir con el 80%, entonces lo primero que hago es apartar el 20% y eso lo entrego, dividiéndolo como crea conveniente entre ofrenda a la iglesia local, contribuciones a caridades y ahorro.

De esta forma nunca voy a confiar en el dinero, puesto que tengo el dominio propio para vivir con un porcentaje de lo que gano, protegiéndome de la mentira que todo es para mi consumo. Si tengo un excelente año y sobra más pondré más en una de las tres cosas mencionadas, y no simplemente en adquirir más cosas.

Claro usted dirá que no puede vivir de esa forma, puesto que está tan endeudado que realmente gasta más de lo que tiene incluso. Entonces le propongo empiece con algo: 4%, 6% y vaya subiendo año a año, en un uno por ciento más hasta llegar a su meta, y verá como nunca más el dinero gobierna su vida.

Entregue un porcentaje de su tiempo a hacer voluntariado ya sea en su iglesia o fuera de ella. Empiece con presupuestar un porcentaje de su tiempo para esto y cúmplalo, y verá como los bienes de este mundo dejan de gobernar su vida.

Usted extrañará la plata que gasta, la que presta y no le devuelven, pero jamás extrañará el dinero que entrega generosamente para una causa en la que usted cree.

Lo que lleva la gente a Cristo no es la cantidad de dinero que nos ingresa, es la forma como vivimos con lo que tenemos y como ponemos nuestra vida al servicio de los demás.

Que lejos estamos como comunidad cristiana de reflejar la verdad que revolucionó al mundo:

Que hay una causa a la que vale la pena entregarle mi vida y es el mostrarle al mundo el amor de Dios. Que haré lo que sea necesario para vivir de tal manera que mis actuaciones reflejen que ese es mi único propósito de vida. Que pondré en esta causa todos los recursos materiales, emocionales, y espirituales de los que dispongo y que estoy dispuesto incluso al sufrimiento si eso logra el objetivo de que más personas conozcan personalmente a Cristo.

Lo que lo hará a usted feliz es una vida dedicada a Cristo, no su dinero.

Pablo termina diciendo en el pasaje de Timoteo: “que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos, atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vid eterna”

Esa es la riqueza a la que usted y yo debemos dedicarle nuestra vida.

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