LA TIERRA DE LA QUE FLUYE LECHE Y MIEL

Por: Andrés Carrera

Hace unas semanas reproduje un artículo del pastor Juan Stam, sobre como a los creyentes nos debe indignar lo que a Jesús le indignaba, y que no simplemente debemos aceptar en base al ¨amor¨ entre ¨hermanos¨ cualquier cosa que se predique y no salirle al paso a estas enseñanzas equivocadas que rozan en la herejía.

Hay dos cosas que me frustran sobremanera: la una la ignorancia bíblica del pueblo de Dios y la segunda es el aprovechamiento de ese desconocimiento por algunos ¨líderes¨ que engañan a estas personas, manipulando la Escritura para que diga lo que les conviene y les permite continuar con el poder que ostentan como verdaderos “intérpretes” de la voluntad de Dios para nosotros.

Un ejemplo claro de estas manipulaciones se encuentra en la promesa de Dios de sacar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y llevarlos a ¨la tierra que fluye leche y miel¨ (Ex.3:8.) y la implicación que se hace es que Dios es un Dios bendecidor, que está listo a darnos ¨todo lo que “necesitemos”, por tanto, Él quiere darnos toda riqueza y ¨bendición¨ material que nuestra fe permita, puesto que lo que nos da depende de lo mucho o poco que yo le crea.

Así que vamos a analizar que era esta tierra que Dios le ofrece a su pueblo:

–  Si usted estudia la geografía de la tierra prometida se dará cuenta que este era un sitio de colinas y montes, un sitio de poca agua, donde solo se daban tres productos: uvas, aceitunas y trigo, y se sacaba leche de las cabras.

No era la mejor tierra ni siquiera en la región, ya que uno puede fácilmente observar que tenían lugares tan aptos para la agricultura como la cuenca del Nilo, o lugares costeros que les permitiera un comercio avanzado como la de los filisteos.

–  Cuando uno analiza esto a nivel solo de bendición material, tiene que concluir que Jehová hizo una oferta que no se cumplió, ya que esta tierra ofrecía pocas ventajas económicas cuando las comparaban con otras, y eso es lo que explica la gran tendencia de los judíos de ir a otros dioses.

El judío veía las riquezas de sus vecinos, y como estos ¨dioses¨ eran mas benévolos materialmente que el de ellos, iban a servirlos para obtener esas comodidades, tal cual hacemos ahora.

Si esto es así, entonces la pregunta es, ¿qué es lo que hacía de esta tierra algo tan especial? ¿Por qué la insistencia de Dios de llevarlos allá?

Lo que Dios quería era ponerlos en un sitio donde la relación con Él fuera lo primero en el pensamiento de su pueblo, donde la dependencia a Él fuera total. No confiarían en la bondad de la tierra, sino en la relación con Jehová.

El tema no era, que tan fácil y próspera voy a hacer tu vida, sino a qué nivel de intimidad vamos a llegar tú y yo, y como ese sitio les permitiría lograr ese objetivo.

Al tener esta relación, el pueblo de Dios se convertiría en un ejemplo de lo que es vivir diferente. Los esclavos eran tratados de forma distinta, las mujeres, hijos, la relación con Dios, la justicia, etc., y esta forma de vida atraería a los otros pueblos hacia Jehová, no por la cantidad de bendiciones materiales que tenían, sino por lo diferente de una sociedad que vive para Dios.

Dios bendijo la tierra, les dio bendiciones materiales, pero todo iba en relación a la fidelidad del pueblo en su intimidad con Él.

Miremos por ejemplo la promesa que hace en 2 Crónicas 7: 14: ¨Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Queda muy claro que el énfasis de Dios está en la relación primero, y que la sanada de la tierra, era el resultado de regresarse a Él.

Si usted quiere ir a la ¨tierra prometida¨ lo que tiene que hacer es ir hacia la intimidad con Dios.  Ir a buscar su rostro para que nos deje ver como debe ser mi vida, cuáles deben ser mis prioridades, principios de vida, etc. que salen precisamente de mi relación con Él.

Busquemos a Dios y no las añadiduras, y sin lugar a duda viviremos en la ¨tierra prometida¨ que termina siendo mi corazón, donde Él habita y de donde no quiero que nunca se vaya.

2 comentarios

  1. Bendice mi vida este artículo.

    agosto 24, 2013 en 2:43 am

  2. pati quiroga

    Que dificil se nos hace creer y aceptar que lo único que nos pide Dios y realmente necesitamos, es cultivar y mantener nuestra intimidad con Dios. El resto fluye solo. Hermoso artículo! gracias

    septiembre 18, 2013 en 8:03 pm

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