LA ESCLAVITUD EN EL NUEVO TESTAMENTO

Por Andrés Carrera

Continuando nuestro análisis de las críticas sociales que se la hacen a la Biblia, vamos hoy a analizar el tema de la esclavitud después de la venida de Jesús, y como fue tratada por la Iglesia primitiva.

Como hice en el anterior artículo del Antiguo Testamento empezaré, contando la realidad social de ese momento.

–  En tiempos del Nuevo Testamento, la labor de los esclavos era fundamental para la economía del Imperio Romano. Cerca de un tercio de la población estaba compuesta de esclavos. Se dice que existían más de 60 millones de esclavos, que eran considerados unas herramientas vivas.

–  Un amo tenía poder absoluto sobre los esclavos, podía apalearlos, azotarlos, condenarlos a trabajos forzados, marcarlos con hierro candente y hasta crucificarlos. Se los mataba por temas tan triviales cosas como romper cosas, por puro capricho, o “porque se deleitaban con el sonido del látigo y los lamentos del azotado más que con el canto de las sirenas”. (1)

–  La rebelión de estos seres humanos oprimidos era castigada de una forma salvaje, arrasando con hombres, mujeres y niños, no dejando a nadie con vida.

En esta realidad aparece el cristianismo, en la región más olvidada, del país menos productivo y más rebelde del Imperio Romano, y poco a poco empieza a extenderse por todas partes y a regular las relaciones entre sus seguidores, declarándoles abiertamente que hay una igualdad espiritual entre todos los seres humanos. (1 Cor.7: 20 al 24; Gal.3:28; Col. 3:11).

Al tratar con el problema de la esclavitud, deciden hacerlo como debemos manejar los problemas sociales nosotros: modelar como se debe llevar una relación empleado-empleador dentro de la comunidad cristiana y lograr que poco a poco mientras se extiende la Palabra, esto se convierta en la norma para la humanidad, cosa que lograron otros creyentes en el futuro.

Lo que enseñan las Escrituras era verdaderamente revolucionario:

1.- Los amos tenían obligaciones al igual que los esclavos.

2.- El trabajo de los esclavos debería hacerse como que fuera para Dios, no se aceptaba la vagancia, ni aprovecharse si su amo era también creyente.

3.- El maltrato estaba prohibido y hacer diferencias al momento de la celebración cristiana también.

Los pasajes que regulan esta relación son: Ef. 6:5-9; Col. 3:22 y 4:1; 1 Cor. 11: 31-34.

¿Qué hubiera sucedido si el cristianismo hubiera abanderado una lucha de clases en ese momento?

Los esclavos hubieran iniciado una rebelión solo para verse aplastados por el Imperio, que no solo los vencería, sino que los torturaría y mataría de las formas más crueles.

El cristianismo se hubiera identificado con un cambio social cuando la sociedad no estaba lista para ellos, logrando enemigos por todas partes y generando odio a una creencia que quería identificarse con el amor.

Si usted recuerda hace algunos meses les traduje un artículo que hablaba de como el cristianismo está muriendo debido a su identificación con temas como el aborto, en donde, estamos presentando una posición acertada pero de forma equivocada, ya que lo que se ve es el odio de los cristianos gritando asesinos a cada madre que entra a una clínica y a los doctores que realizan abortos, en lugar, de convencerlos del amor de Dios sobre ellos y los fetos y permitir que ese cambio de visión produzca un cambio de conducta.

Recuerde, nadie cambia como consecuencia de una prédica, ni de una ley. Los cambios se producen cuando el amor de Cristo empieza a transformar a la persona y ese nuevo convencimiento lo lleva a una nueva moral y conducta.

Lo que los detractores de la Biblia no entienden o no quieren saber, es que la revolución que llevaría al cambio social empezó con la posición de la primera Iglesia sobre este tema, y que si los creyentes no hubieran perdido el rumbo, la guerra civil de Estados Unidos jamás hubiera tenido lugar.

Pero hay algo que los cristianos no queremos entender tampoco y es que los cambios que buscamos no se darán gritando en contra de posiciones pecaminosas, sino mostrando el amor con que Cristo nos ama, que incluye frustrarme contra lo malo, pero jamás mostrar odiosidad hacia las personas por las que Cristo murió.

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