¿POR QUÉ NOS LLAMAMOS CRISTIANOS? (3)

Por: Andrés Carrera

Como conclusión de lo que hemos venido hablando, comentaré hoy sobre el concepto del amor y lo que esto significa.

Recuerde en los dos artículos anteriores, hemos hablado que la medida que los seguidores de Cristo debemos tener es el “amar como Él nos amó”  y cuando le preguntaron a Jesús cual era el mandamiento de la ley más importante Él contestó: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente -le respondió Jesús.  Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”. (Mt. 22: 37 al 40)

Jesús dejó ver que son dos los mandamientos en que se resume la ley. Entonces, todo lo que haces debe basarse en el amor a Dios y a los demás, y todos los mandamientos se basan en esto: no mientas, protege a tu esposa, se fiel, sométete al esposo, no robes, etc. todo se basa en estos dos mandamientos, todo sale del amor que tenemos a Dios y a los demás.

Cristo no tenía muchos seguidores, no tenía influencia, vivía en un lugar apartado y olvidado del mundo, quienes lo oían eran esclavos, y demostró que lo que logra el éxito no es una teología perfecta, ni un apego a las reglas,  sino el amor.

Cada vez que leemos la Biblia sobre cualquier tema, ya sea una exhortación, un mandamiento, todo tiene que pasar por el filtro sencillo de la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que el amor requiere de mí?

Hay tres cosas que se requieren para poder responder adecuadamente a esta pregunta:

 1.- No hagas nada que te dañe.- Porque Dios te ama y lo que haces contra ti le duele a Él. Al igual que cuando nuestros hijos se dañan nos afecta a los padres porque los amamos, de la misma manera sucede con Dios. Nunca tomes una decisión moral, profesional, ética, sexual, etc. que te haga daño, porque al hacerlo entristeces a Dios.

Tu vida no es entre tú y tú, ya que todo lo que haces afecta a la gente que más te ama, y eso incluye a nuestro Padre.

2.- No hagas nada que dañe a alguien más.- Sin importar quién es, simplemente la persona que tiene enfrente es una por la que Cristo murió y lo ama tanto como a usted. Puede ser su enemigo o alguien que le cae mal, pero su Señor murió por él y tiene valor infinito. El filtro por la que pasarán mis palabras será siempre el amor, aunque en determinado momento este puede ser duro. Y esto es porque el amar no significa ser indiferente con lo que hacen las personas. A veces habrá que decir algo fuerte, pero use un bisturí y no un cuchillo, algo que sane y no algo que mate. Esto incluye confesión y a veces confrontación.

Propongámonos entender a la gente antes de juzgarlo. Hay alguna razón por lo que la persona es como es. Es importante conocer la historia de la persona. Nuestro maestro se tomó el tiempo para hacerlo.

3.- No te hagas esclavo de nada.- Cuando lo haces, eso impide que ames a alguien. Nadie debe competir con tu alcohol, pornografía, etc. Cuando tu vida depende de estas cosas, simplemente no estás haciendo lo que el amor requiere de ti, y Dios no es tu Señor.

La Iglesia ha perdido completamente la fuente de su fortaleza. La primera iglesia basó todo lo que hacía, en amarse. No tenían el Nuevo Testamento, excepto tal vez una que otra carta. Lo único que sabían, era que su obligación era mostrar el amor de Cristo como Él lo había hecho, y esa “estrategia” logró que en 300 años se haya evangelizado a todo el mundo conocido en ese momento.

La gente que los veía se sentía culpable, pero no condenados, porque observaban como eran sus matrimonios, como criaban a sus hijos, como se comportaban en el trabajo, hasta como sonreían. Los que los veían  querían ser como ellos.

En un momento de la historia se pensó que la victoria había llegado. La Iglesia se unió al Estado y tuvo poder, y ahí dejamos de amar para empezar a obligar hasta llegar a los extremos más increíbles del odio, que incluyeron persecuciones, torturas, y asesinatos, en el nombre del mismo Señor que resumió la ley en el amor.

Hemos perdido tanto la dirección que hoy, puedes encontrar; “cristianos” que usan versículos para justificar cualquier cosa, desde conseguir dinero, manipular gente, y hasta a odiar a un grupo determinado.

Ahora nos dedicamos a ser los que le decimos a la gente como debe vivir, en lugar de mostrarlo y que la gente se sienta atraída por lo que ve. Creemos que ir a una clínica de abortos, pararnos en frente con carteles que digan “asesina” va a llevar a una madre a no hacerlo y a entender lo que Cristo quiere de ella, cuando lo que conseguimos es mostrar un odio, que solo las lleva a alejarse lo más posible de todo lo que huela a religión.

Los cambios que el mundo necesita, no llegarán jamás ni vía legislación, ni predicación. Podemos decir esto y aquello está prohibido, puedo predicar en la iglesia lo que se debe hacer y no hacer, pero lo único que atraerá a la gente a Cristo y lo lleve a querer cumplir las leyes e interesarse a cambiar su vida como predicamos, es mostrar la única fuerza irresistible del mundo,  y ésta es el amor.

Cuando la gente de afuera de la iglesia diga “mira como se aman”, “que buenos matrimonios tienen”, “mira como su hijo trata a mi hija en el colegio”, “observa como se les puede confiar dinero y nada faltará”, entonces habremos recuperado nuestro poder.

Es hora de dejar de discutir tanto lo que Cristo dijo y empecemos a hacer lo que Él hizo.

Que hermoso sería que ésta sea la generación que vuelve a implantar la revolución que cambió al mundo hace 2000 años:

LA REVOLUCIÓN DEL AMOR

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