PORQUE NOS LLAMAMOS CRISTIANOS? (2)

por Andrés Carrera

Continuando con el tema que empezamos la semana pasada, veamos como los primeros seguidores de Cristo siguieron la orden de amarse los unos a los otros como Cristo los amó, convirtiéndose así en discípulos.

Para esto vamos a mirar el pasaje de Hechos 4:32 al 35 y en el vemos tres características claras de lo que seguir la orden anterior era:

1.- Unidad (32).- El movimiento a la unidad entre las iglesias ha terminado siempre en un fracaso rotundo, puesto que las posiciones teológicas a veces radicalmente opuestas lo impiden. Así que, yo dejaría de gastar esfuerzos cuando menos al principio en ese sentido. Tampoco trataría de conseguir unidad entre iglesias de la misma denominación, ya que en cada una existen posiciones muy arraigadas que no están dispuestas a ceder.

¿Pero qué tal si empezamos por buscar la unidad entre miembros de una misma iglesia? ¿Qué tal si hacemos un esfuerzo consciente por preocuparnos los unos por los otros? De hecho, la Biblia nos deja ver cuatro formas muy claras de hacerlo:

A.-   Soportándonos unos a otros (Ef. 4:1 al 3).- Hay en cada iglesia hermanos que usted no soporta, puesto que es muy distinto a usted, o tal vez, porque tiene los mismos defectos que usted. Cualquiera que sea su motivo, y tal vez tiene toda la razón, la orden es soportarlo, y si usted quiere ser discípulo empezará a ver a las personas como su Maestro las ve.

Recuerde, nadie ha tenido más razones para decepcionarse de alguien que Cristo de sus discípulos y sin embargo los amó.

Le propongo un ejercicio práctico para empezar su caminar hacia este objetivo: Escoja la persona que usted menos soporta en su congregación y ore por él, eso lo ayudará a verlo con los ojos de Dios.

Recuerde, nadie ha tenido más razones para decepcionarse de alguien, que Cristo de sus discípulos y sin embargo los amó.

Le propongo un ejercicio práctico para empezar su caminar hacia este objetivo: Escoja la persona que usted menos soporta en su congregación y ore por él, eso lo ayudará a verlo con los ojos de Dios.

B.- Ministrándonos los unos a los otros (Ef. 4:12 y 13).- Cada uno de nosotros debe dar de su don a los demás, para que todos lleguemos a la meta. Usted tiene algo que los demás necesitamos para cumplir nuestro propósito y dependemos los unos de los otros.

C.- Buscando una misma mente (1 Cor.1:10).- Aprendamos juntos, empujemos el barco hacia un mismo sitio, identifiquémonos con la causa y colaboremos con llegar a la meta.

D.-   Animándonos para estar firmes (Fil.1:27).- No hay nada que lleve tanto a la unidad como saber que no estoy solo. El sentirme animado por mis hermanos me llevará a cumplir el propósito de Dios para mí.

2.-  Evangelismo (33).- En mi opinión la orden de Cristo de “ir y hacer discípulos” (Mt. 28: 19 y 20) es una de las que a la iglesia en general menos se preocupa. Tenemos programas y hacemos cruzadas para que la gente se convierta, pero muy pocos para que se transformen  en discípulos.

No estoy diciendo que ganar almas sea algo desestimable, de hecho, es de vital importancia, pero no puede ser un fin en sí mismo, sino el primer paso hacia llevar a una persona a convertirse en discípulo del Señor.

Tanto es así, que la forma más efectiva de ganar almas es con nuestro testimonio y este no se puede dar a menos que yo sea un discípulo y muestre el fruto que vivir así da. “En esto es glorificado mi Padre, en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos”(Jn. 15:8) La victoria se consigue al mostrar nuestro amor en forma contínua y sin desmayo.

3.-  Generosidad (34 y 35).- Me encanta el relato de Mt. 15:1 al 9. En este los fariseos le reclaman a Cristo por una ley que los antepasados habían puesto que ni siquiera era bíblica: lavarse las manos antes de comer. Cristo les deja ver la hipocresía con la que vivían, mal usando una ley de Dios para no cumplir sus obligaciones con sus padres ancianos y así acumular más dinero.

Mi Señor habló con claridad que no hay nada más importante que el Reino y nos dijo que sin tener esto como objetivo principal no podemos ser sus discípulos (Lc. 14:33), y nosotros nos la pasamos discutiendo si el diezmo es bíblico o no. Para un discípulo esa es una discusión banal, simplemente porque esa no es una medida de lo que él cree.

Una vez que entendí la importancia del Reino, daré todo mi esfuerzo, tiempo y dinero para lograr extenderlo lo más posible, porque estoy consciente de que lo que está en juego es el destino eterno de las personas, y 10% jamás será una medida para quien entiende eso.

Si yo tengo años en el evangelio y creo que dar el diezmo es la medida por la cual se mide mi fidelidad, no he entendido lo que ser un discípulo es, aunque eso sea lo que se le pide a un “cristiano”.

El discípulo respirará, vivirá, y buscará con cada parte de su ser como vivir con mentalidad de reino y hará de este su único objetivo de vida.

Los dejo con esto: ¿Será que lo que convirtió a tanta gente en la iglesia primitiva fue ver lo que era el compromiso de ser un discípulo y creyó que dedicar su vida a eso valía la pena? ¿Será que el ver el poco compromiso que requiere ser un cristiano hace que la gente nos mire con indiferencia y a veces con desdén? ¿Cambiarían de opinión si vieran discípulos?

Si la respuesta a estas interrogantes es sí, es hora de dejar de ser religiosos y empezar a ser discípulos. De ese cambio de mentalidad nuestra depende la eternidad de mucha gente.

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