LA SUMISIÓN II

La semana pasada escribimos acerca del rol del hombre para su matrimonio y su responsabilidad de ser un siervo-líder que logre que su familia y en especial su esposa, se sienta libre de someterse a este hombre que piensa en ella antes que en el mismo.

Ahora veamos la otra parte, y dejemos en claro que la sumisión de la esposa no depende de que el hombre haga su parte bien, sino que es ordenada sin condicionamientos.

Para hablar del tema vamos a estudiar 1 Pedro 3:1 al 7.

En los versículos anteriores, el apóstol está hablando de relaciones laborales, de la relación con el gobierno y deriva a la unión matrimonial, manejando el mismo concepto de sumisión, que usó para la fuerza laboral y los ciudadanos.

Lo primero que vemos entonces, es que el concepto de sumisión no se limita al matrimonio, sino que se maneja en muchas relaciones humanas.

Para analizar bien lo que se nos está diciendo, consideremos el momento que se escribe esta carta. En la civilización griega la mujer no podía ni salir a la calle sin su marido, y para los romanos era siempre menor de edad, no se podía cuidar a sí misma.

Es en esta cultura que el apóstol nos dice que la sumisión es:

1.-  EVANGELÍSTICA (1 Y 2).- Ganas a la gente para Cristo sin hablar. En estos tiempos hay que decir con claridad, que es el matrimonio la institución que Dios escogió y no la vía de la fornicación y el adulterio (Heb.13:4). Entendámoslo, tenemos la necesidad de saber que somos el uno del otro, por eso el anillo de compromiso quita la circulación porque eso es lo que hacemos, y ahora pertenecemos a alguien. El matrimonio es honorable y lo demás no y es porque lo demás no funciona. Todos los inventos modernos: amigos con derecho, vivir juntos, sexo casual, etc. solo traen dolor y culpa a nuestras vidas.

Nada gana más almas para Jesucristo, que el ejemplo de una pareja que vive ejemplificando la relación Cristo-Iglesia. Yo esposo, vivo haciéndola a ella mi prioridad después de mi relación con Dios, y ella se somete a mi liderazgo servidor.

 2.-   LA SUMISIÓN ES INTERNA (3 Y 4).- Era tal el desprecio a la mujer en esa época, que los filósofos griegos decían que ellas debían comprar ropa buena y ponerse bellas, porque no servían para nada más. Es sorprendente ver el desprecio de la época para la mujer que no podía ejercer cargos públicos, ni ganar premios, en resumen no podían ocuparse de nada. Para los pensadores de la época solo servían para estar en la cama con un hombre, por tanto, había que permitirles vestirse bien.

Cuando usted entiende la época, se da cuenta que lo que Pedro está diciendo es “ustedes mujeres son importantes, para el cristianismo son coherederas de la gracia, sirven para mucho más, que para ponerse un vestido bonito”.

Pido perdón, si los hombres les hemos dado la impresión que lo único que cuenta es lo de afuera, ya que esa no es la posición bíblica, y es que deberíamos tener presente que nuestra esposa será nuestra compañera de vida, la madre de nuestros hijos y su cuerpo al igual que el mío se va a deteriorar.

3.-   LA SUMISIÓN ES LLENA DE FE  (5 Y 6).- Sara entendió que no tenía que poner su confianza en Abraham, sino en Dios. Abraham llegó a entregar a su esposa dos veces diciendo que Sara era  su hermana por temor de su vida. (Gen. 12 y 20).

Dos veces el Señor fue al rescate de Sara luego de una traición de su esposo y ella entendió que la sumisión es un acto de fe en nuestro creador, más que en un ser humano, cualquiera que este sea.

Finalmente el verso 7 le habla al hombre y le deja ver lo que la sumisión acarrea para él. No es que esto le da a él libertad para usarla y mandarla. No, al contrario, la sumisión de su esposa lo compromete a él a valorarla como vaso frágil, y a darle honor como a coheredera de la gracia (hermanas de Cristo e hijas de Dios). El no hacerlo acarrea que Dios no te escuche.

La sumisión es para todos (EF. 5:21). Es la esencia de la ética cristiana. Nunca se coloca la responsabilidad en uno de los lados. Amos y esclavos; padres e hijos; gobernantes y gobernados; esposos y esposas. Todos finalmente estamos sometidos a Cristo y debido a eso nos comportamos como Él manda.

Esposos, amemos a nuestras esposas y seamos para ellas sus líderes siervos. Esposas, respeten y animen a sus esposos y confirmen su liderazgo, y ambos hagan su parte sabiendo que el Señor los respaldará, y hará que su relación de resultado, puesto que esto lo glorifica a Él.

Y al final de cuentas no es eso lo que queremos cada uno de nosotros: Tener una vida que glorifique a Dios. Si es así, entonces logremos que nuestros matrimonios le griten al mundo: DIOS ES REAL Y SU PALABRA VERDAD.

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