¿ME VISTO DE CIVIL O MILITAR?

Al poco tiempo de yo convertirme empezó la “moda” de la guerra espiritual y empezamos a oír prédicas sobre la armadura de Dios utilizando Efesios 6:10 al 20 y si usted es un creyente con algunos años, seguramente ha escuchado como debemos ponernos la “armadura de Dios” para defendernos de los dardos del enemigo.

Es importante que entendamos que, efectivamente el cristiano tiene luchas contra los espíritus malos, pero hay que entender el contexto.

Pablo está preso y en esa condición esta siempre encadenado a la muñeca de un soldado romano, y al verlo todo el día, se le ocurrió esta alegoría sobre las vestiduras de su compañero forzado de vida.

Nadie y menos yo, puede minimizar la importancia de estas palabras, de la necesidad de la armadura y de la realidad de que tenemos un enemigo, que la misma Palabra dice que “nos asecha” (1 Ped.5:8 y 9) y nos recuerda que estemos vigilantes.

Pero me surgen algunas inquietudes: ¿Es esta nuestra preocupación principal? ¿Es esta “guerra” la que va a lograr que llevemos personas a Cristo? ¿Realmente es un énfasis que dio Cristo como para merecer nuestra especial atención, escribir múltiples libros al respecto y más prédicas que sobre cualquier otro tema?

Para mí la respuesta es no, y es preocupante porque nos aparta de la vestimenta que los cristianos realmente debemos tener, que está en uno de los pasajes menos predicados de la Palabra que dice: “Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia (tolerancia); soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad (de la perfección). (Col.3: 12 al 14).

Note que cada una de estas virtudes cristianas tienen que ver con las relaciones personales y es que el Cristianismo es comunidad, y nos ofrece paz con Dios junto a la solución a los problemas de convivencia. Analicémoslas una a una:

1.- Tierna compasión.- Es el cristianismo el que trajo la misericordia a un mundo donde el sufrimiento de los animales no importaba y se liquidaba a enfermos y heridos. Donde lo que otros pueblos pensaban y su lenguaje eran denominados “bárbaros” por las culturas griegas y romanas, y no fue hasta cuando la influencia cristiana hizo cambiar esa palabra, por la de “hermano” cuando el interés por otras lenguas empezó.

2.- Bondad.- Esta es la virtud por la cual a la persona le interesa el bien del otro, tanto como el de Él mismo. La palabra griega se usa para describir al vino con edad que ha perdido su aspereza. Es una bondad amable, como la que usó la mujer que le ungió los pies a Jesús (Lc. 7: 37 al 50).

3.- Humildad.- Antes del cristianismo, la palabra griega hablaba de servilismo, pero no es de eso que se nos habla aquí, sino de que entiendo que no soy nada delante de Dios, y que todos los seres humanos tenemos igual valor para él, por tanto, no hay lugar para la arrogancia.

4.- Mansedumbre.- Es el atributo del autocontrol. Cuando me enojo solo por lo que debo y en esta circunstancia, muestro el control que Dios tiene sobre mí.

5.- Paciencia.- Los malos tratos no lo resienten o enojan. No le produce desesperación el cinismo y la insensatez. Debido a que Dios no desecha a ningún creyente, Él tampoco desecha a nadie.

6.- Amor.- El vínculo perfecto. La forma como debemos tratar a todos. Cuando tenga la disyuntiva de cómo tratar a otros, que sea el amor el camino que usted elija.

No se usted, pero después de leer sobre esta ropa, me siento un poco desnudo. Que difícil conseguir estas características en nuestra vida, claro me consuelo, tal vez como usted también pensando que es un proceso y que hacia allá voy. Y si, es cierto, que el Espíritu Santo no ha terminado con nosotros y que somos “cristianos en formación”.

Pero es que mientras no hablemos de esto, y no pongamos énfasis en nuestra transformación, y nos apoyemos unos a otros para lograrlo, jamás transformaremos al mundo y nuestra misión aquí será un fracaso.

Ahora que lo pienso, necesito la armadura de Dios: el cinto de la verdad, el peto de la integridad, las sandalias para salir a predicar, el escudo de la fe, el casco de la salvación, la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y bañar todo esto con oración, para lograr estas virtudes, y vencer al mayor enemigo que tengo: YO MISMO.

Propongo que como nueva moda, los cristianos hagamos una guerra espiritual interna y no paremos hasta que venzamos o muramos en el intento. Por alguna razón, creo que eso logrará impactar al mundo, de la misma forma que lo hicieron los primeros cristianos, que trascendieron generaciones.

En esta guerra no habrá expresiones emocionales como zapatear, declarar vencido al enemigo, vomitar o cosa por el estilo, pero si permitimos que el Señor nos cambie, seremos dignos de llamarnos cristianos, término que quiere decir pequeños cristos.

Esa es la guerra que quiero pelear, ¿me acompaña?

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