La Evolución como Mitología (5): Conclusión

Hugh Henry, Daniel J. Dyke y Charles Cruze

Los cuatro artículos anteriores han mostrado que la teoría de la evolución se parece más a un mito de creación que a una teoría científica. Un mito puede ser verdadero o falso, pero su característica principal es que valida el pensamiento, las prácticas y los ideales de una cultura. La evolución explica nuestra existencia dentro del marco de nuestra cultura moderna de naturalismo, que no tiene ninguna necesidad de un dios.

Un mito no puede ser demostrado, o refutado, con la tecnología de la cultura; un mito requiere fe. Los evolucionistas deben tener fe de que los organismos vivos aparecieron espontáneamente de la materia no viva sobre la tierra (abiogénesis) o de fuentes extraterrestres. Se requiere fe porque no se ha realizado jamás ninguna demostración de esta capacidad en ningún nivel, y porque los cálculos de las probabilidades argumentan fuertemente en su contra. Los evolucionistas también deben tener fe de que las formas de vida simple evolucionaron a lo largo de eras geológicas hacia formas de vida más complejas a través del mecanismo extraordinariamente raro de las mutaciones beneficiosas aleatorias, y que formas de vida disímiles evolucionaron desde un ancestro común mediante el mismo mecanismo. Pero los datos apoyan la tesis de un diseñador inteligente común tan bien (o tan mal) como la tesis de la macroevolución.

La teoría de la evolución no sólo cumple con los criterios de un mito de creación sino que no cumple con un criterio crítico de una teoría científica: no puede ser falsada. Para que una teoría sea considerada científica, debe ser posible idear una prueba controlada tal que un resultado negativo muestre que la teoría es falsa. Pero no existe ninguna prueba tal para la evolución, porque está basada en sucesos irrepetibles que ocurren una vez en la vida que pueden, por lo tanto, “explicar” cualquier cosa.

Aun la evidencia circunstancial aparentemente fuerte contra la macroevolución mediante mutaciones aleatorias es descartada rápidamente. La naturaleza simbiótica de formas de vida marcadamente disímiles es un ejemplo. ¿Por qué deberían las frutas y vegetales tener un sabor y un olor que apelan a los animales y a los humanos cuando se cree que las plantas y los animales siguieron caminos evolucionistas completamente separados? Esta dificultad hizo que el zoólogo evolucionista Pierre-Paul Grassé comentara:

“[Según] la teoría darwiniana… una planta individual o un animal individual requerirían miles y miles de sucesos fortuitos y apropiados. Por lo tanto, los milagros pasarían a ser la regla: sucesos con una probabilidad infinitésima no podrían dejar de ocurrir… No hay ninguna ley contra fantasear, pero la ciencia no debería permitirse hacerlo”. (1)

Esto enfatiza el carácter de mito de la evolución. El matemático/filósofo Wolfgang Smith agrega:

“La doctrina de la evolución se ha extendido por todo el mundo, no por la fortaleza de sus méritos científicos, sin precisamente por su capacidad como mito gnóstico. Afirma, de hecho, que los seres vivos se crearon a sí mismos que es, en esencia, una afirmación metafísica… el evolucionismo es por cierto una doctrina metafísica ataviada con una vestimenta científica”. (2)

Como resultado, algunos científicos están comenzando a ver al darwinismo de la misma forma que otros ven a la religión. Después de todo, tiene un profeta (Charles Darwin), un sacerdocio y un cuerpo de conocimiento secreto. La historiadora de la ciencia Marjorie Greene dice: “Es como religión de la ciencia que el darwinismo principalmente ha tomado, y toma, las mentes de los hombres… La teoría darwiniana se ha convertido en una ortodoxia predicada por sus adherentes con fervor religioso y de la que dudan, sienten, sólo unos pocos buscapleitos imperfectos en la fe científica”. (3)

La bióloga evolucionista Lynn Margulis cree que “el neodarwinismo terminará siendo considerado como sólo ‘una secta menor del siglo XX dentro de la extendida creencia religiosa de la biología anglosajona’”. (4)

Grassé observa: “El azar se convierte en una especie de providencia que, bajo la cubierta del ateísmo, no es nombrado pero es adorado secretamente”. (5) Siente que es “el deber (de los biólogos) destruir el mito de la evolución… pensar en las debilidades de las interpretaciones y extrapolaciones que los teóricos presentan o fijan como verdades establecidas”. (6)

No obstante, la teoría neodawiniana de la evolución probablemente continuará como el paradigma científico predominante en el futuro predecible por al menos varias razones relacionadas con su carácter mitológico:

  1. La teoría de la evolución es el mito de creación de científicos a los que se les enseñó a buscar explicaciones naturalistas para los fenómenos naturales observados y, en este contexto, es la única posibilidad que existe. T. S. Kuhn señala en The Structure of Scientific Revolutions: “La decisión de rechazar un paradigma es siempre simultáneo con la decisión de aceptar otra”. (7) Por lo tanto, si bien la investigación científica podrá acumular más y más datos, no se encontrará jamás ninguna respuesta absoluta o mecanismo definido mientras que los datos sean vistos a través de la lente del mito de creación naturalista. Así que el neodarwinismo continuará siendo la teoría dominante –aun modificado ligeramente en sus detalles– porque es el único paradigma naturalista.
  2. Kuhn observa también que los científicos que han escrito artículos apoyando una idea específica son reacios a cambiar de opinión. (8) El darwinismo y el neodarwinismo han sido las teorías dominantes durante más de 100 años y 50 años respectivamente; si la evolución a través de mutaciones aleatorias está equivocada, hay incontables libros de texto y artículos de investigación erróneos de científicos destacados. Por lo tanto, aun cuando nuevos datos apunten a un mecanismo alternativo, probablemente pase mucho tiempo antes que sea aceptado como el paradigma dominante.
  3. Tal vez el argumento más convincente para justificar la longevidad de la teoría de la evolución es que es el mito de creación de un segmento de la población mucho mayor y más influyente que los científicos, es decir los ateos, incluyendo cristianos culturales no creyentes. Las encuestas muestran que los ateos confirmados comprenden mucho menos que el 10% de la población estadounidense, (9) pero su influencia –especialmente en políticas públicas y en las universidades– excede largamente sus números. Todo lo que refleja negativamente sobre la mitología de la evolución se enfrentará a una fuerte e implacable oposición de parte de estas personas, porque la principal alternativa al mito de creación de la evolución es la idea de un Dios-creador, y esto destruye el fundamento del ateísmo. La reacción exagerada de los principales medios ante la inauguración del Museo de la Creación en Kentucky, en 2007, ilustra este punto, así como el hecho de que una nueva raza de ateos militantes ha empezado a referirse a los cristianos como “intolerantes” y “terroristas”, y a acusarlos de muchos males sociales, incluyendo la guerra.

Los cristianos fundamentalistas también contribuyen al problema al mostrar a la ciencia como enemiga de Dios, en vez de una potencial fuente de apoyo. No entienden la sutil –pero esencial– distinción entre una causa naturalista y un mecanismo naturalista. Una causa naturalista implica que algo ocurre debido a procesos naturales autodirigidos, pero Dios puede usar procesos naturales como un medio para efectuar su voluntad. De hecho, la Biblia deje en claro que Dios usa fenómenos naturales de una forma hípernatural para producir milagros, de los cuales el cruce del Mar Rojo por los israelitas es el ejemplo más claro. (10)

Los científicos que buscan minimizar la dependencia de argumentos sobrenaturales y comprender del mundo de una forma sincera deben ser alentados, no denigrados. Algunos de los mayores avances científicos han sido hechos por cristianos que creen que “conocer al Santo es tener discernimiento”. (11) y encuentran este conocimiento a través de su trabajo, y que también creen (junto con  Michael Faraday) que “su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él [Dios] creó”. (12)

La ciencia no es el enemigo, ni los científicos. El enemigo es la mitología que se hace pasar por ciencia.

(1) Pierre-P. Grassé, Evolution of Living Organisms, (New York: Academic Press, 1977), 103-4.

(2) Wolfgang Smith, Teilhardism and the New Religion (Rockford, IL: TAN Books and Publishers, 1988), 242.

(3) Marjorie Grene, “The Faith of Darwinism,” Encounter 74 (November 1959), 48.

(4) Charles Mann, “Lynn Margulis: Science’s Unruly Earth Mother,”Science 252 (April 19, 1991): 378-81.

(5) Pierre-P. Grassé, loc cit (1977), 107.

(6) Pierre-P. Grassé, loc cit (1977), 8.

(7) Thomas S. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, 3rd ed. (Chicago: The University of Chicago Press, 1996), 77.

(8) Thomas S. Kuhn, loc cit (1996), 59.

(9) http://www.geocities.com/richleebruce/mystat.html;http://www.adherents.com/rel USA.html

(10) Éxodo 14:21-22, 27.

(11) Proverbios 9:10

(12) Romanos 1:20

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: Evolution as Mythology, Part 5 (of 5): Conclusion

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s