LA NUEVA CREACION

Desde que aprendí sobre Cristo, un concepto que me apasiona es que ya no soy de este mundo, que aquí soy extranjero y que hay un hogar esperándome. Que el día de mi muerte (como el de cualquier otro creyente), será un día de regocijo en el cielo, ya que otro hijo llega de regreso con su Padre.

Recuerdo que cuando recién nació mi último hijo (tiene once años ya), en una prédica el pastor que hablaba de la segunda venida de Cristo preguntó a algunos de nosotros si queríamos que Cristo venga ya. Mi respuesta instantánea fue por supuesto.

De hecho, nunca he entendido a las personas que dicen que quieren ver a sus nietos, o terminar su carrera, o saber lo que es casarse y que de ahí venga el Señor. Para mi si yo no soy de aquí, quiero irme lo más rápido posible, y la única razón que encuentro para quedarme es llevarme a la mayor cantidad de gente posible al cielo, contándoles la verdad de Cristo, y si bien no pienso suicidarme, tampoco me voy a aferrar a una vida que mi Padre dice es una oscura sombra de lo que voy a vivir una vez que llegue a Él.

Esta semana he estado estudiando una de las diferencias básicas entre el cristianismo y otras religiones, cultos, o sectas y una de esas es lo que pensamos acerca de nuestro futuro.

Para los cristianos, la Tierra es un sitio que va a desaparecer y que nosotros no heredaremos, pues vamos a una nueva creación totalmente diferente, con leyes físicas distintas y que según 1 Cor. 2:9 ni siquiera la podemos concebir.

El libro de Apocalipsis nos deja ver el futuro con una claridad total y nos dice que una vez destruida esta creación (20: 11 AL 15), aparecerán un cielo nuevo y una tierra nueva, y Juan ve descender la nueva Jerusalén donde habitará la Iglesia (21:1 al 9).

Al describirla, se nos deja ver lo nuevo de esta creación, puesto que leyes físicas imprescindibles para nuestra existencia van a dejar de operar, como por ejemplo:

  1. Gravedad.- No existirá ya que esta lleva a todo objeto más grande de unos cientos de kilómetros hacia una forma circular, y la nueva Jerusalén tiene más de 1500 kilómetros, y es cúbica o piramidal.
  2. Electromagnetismo.- Esta ley nos dice que la luz coexiste con la oscuridad y las sombras, pero aquí no habrá fuentes de luz (21:23 y 24).
  3. La segunda ley de la termodinámica.- Absolutamente todo lo asociado con esta ley: descomposición, muerte, dolor, etc.- no existirán más.
  4. Al no tener estas leyes funcionando ninguna estrella puede existir (incluyendo el sol) y tampoco producir luz.

Lo que vamos a heredar no es ni siquiera un nuevo Edén, que con lo maravilloso que puede haber sido, pues sigue siendo un sitio de esta creación, que no nos puede ofrecer la intimidad relacional que vamos a tener en la nueva.

Estamos “presos” en un mundo de tres dimensiones que no nos deja ver la total espectacularidad de nuestro Dios, ni relacionarnos con el de la forma íntima que Dios quiere. Hay toda una gama de nuevas experiencias con mi Señor que no voy a ver hasta que finalmente llegue a mi casa y mientras escribo esto una lágrima de emoción se me sale sólo de pensar en lo glorioso de ese momento, cuando ya no piense en mí, sino sólo en Él.

No se usted, pero yo, no puedo pensar en otra cosa. Compárelo con algún sitio en este mundo que usted quiera conocer y piense en lo que sería estar ahí, y luego multiplíquelo por cien mil, y esa es la expectativa que yo tengo para ver esta maravilla de creación que mi mente no puede concebir.

De hecho, puede usted pensar en una razón mejor para levantarse cada mañana? Algún propósito mas importante por el cual vivir?

Imagínese levantarnos cada día pensando hoy puede ser el día en que mi Cristo venga por mí, y si no lo es, pues puede ser el día en que yo contribuya para que otra persona tenga esta herencia, o para que otro creyente empiece a ver esta vida con ojos de eternidad, añorando ir a casa, pero entendiendo que mientras tanto, hay que trabajar incansablemente para que esa casa esté lo mas lleno posible cuando el fin llegue.

Vivir con esa expectativa me llena de emoción y me motiva. Oro para que  cuando usted lea esto, sienta lo mismo y se una a los que intentamos lanzar la mayor cantidad de boyas posibles, a los habitantes de este barco llamado Tierra que se hunde. Obviamente las boyas todas tiene un nombre: CRISTO.

2 comentarios

  1. Dear

    Andres you really amazes me with the capacity God has bestowed upon you, for you to be such a great and inspirational writer…keep on going my friend…I’m collecting all your writings and one day I ought to make a book which I will call “This is what Andrew wrte.”
    Blessings
    Diego

    diciembre 15, 2012 en 3:54 am

  2. x s l

    Gracias porque me enseñaste que ese mundo existe y está reservado para los que creemos que Jesus es el Señor… Bendiciones querido Andrés

    diciembre 18, 2012 en 6:59 pm

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