EL HOSPITAL DE EMERGENCIAS DE DIOS

Hay comentarios sobre los que se convierten a Cristo que siempre me frustraron o me parecieron insultantes: “Es que se hizo cristiano porque es drogadicto” o “seguro que tendrá un problema que no puede solucionar”, o “como no pueden por si mismos, buscan las muletas que les da la religión”.

Me parecía que denigraban la búsqueda de Dios por parte de un ser humano, hasta reducirla a que solo lo hacemos por una necesidad coyuntural, y que ésta sólo la sienten unos pocos que de una u otra forma “han tocado fondo”.

Hoy entiendo que aunque esta descripción es hecha para denigrar, no puede ser más exacta. La Iglesia debe ser el hospital que está disponible casi siempre, fácil de acceder y dispuesta a atender a toda persona que enfrenta un problema inesperado y que no puede resolver. Por tanto, somos un hospital donde voluntarios queremos mostrarle a aquel que nos sanó a nosotros.

Esto nos lleva a reconocer que en la iglesia estamos personas que sabemos que no podemos lograr nada sin Cristo, que requerimos comprender nuestra incapacidad de ser el dios de nuestra vida, y entonces permitir que Dios me diga cómo vivir.

Pero si usted está en una iglesia local, dudo mucho que usted vea en ella un hospital donde son bienvenidos los enfermos del alma. Dudo mucho que se reciba con brazos abiertos a personas que no son como nosotros, y que al mirarlas, no lo hagamos con aire de superioridad. Dudo que la gente necesitada se sienta cómoda en su iglesia y que sienta que está entre iguales, pecadores que buscan vivir diferente.

Y es que nosotros nos hemos enmascarado de tal forma que no creo que representemos la opción de lo que una iglesia debería ser, esa representación la hace mejor una organización llamada Alcohólicos Anónimos. Examinemos algunos de sus principios y dígame usted si no tengo razón:

1.- Admiten que son impotentes ante su pecado y que su vida es ingobernable, igual que nosotros cuando aceptamos a Cristo.

2.- Creen que solo Dios los puede devolver al sano juicio, estando dispuestos a poner su voluntad y vida al cuidado de Dios, y nosotros sabemos que solo al hacer Su voluntad tenemos vidas sanas.

3.- Están dispuestos a admitir sus faltas y a pedirle a Dios que elimine sus defectos de carácter.

4.- Quieren enmendar el daño causado a otros por su adicción igual que hizo Zaqueo (Luc.19:1 al 10). No se esconden tras excusas.

5.- Buscan un contacto consciente con Dios a través de la oración y la meditación y todos en la iglesia deberíamos estar haciendo eso, centrando la nuestra en la Biblia.

Usted me dirá que ahora no son una organización cristiana y que no identifican a su Dios y es verdad, pero reconozcamos que estas cosas deberían estar en el centro de la iglesia y que penosamente no lo están.

Pero vamos más allá todavía: analice el grado de confianza con que un alcohólico cuenta sus cosas, sabiendo que nadie va a salir a contarlo. Analice la transparencia con que abre su corazón, sabiendo que le habla a otros como él, que no le juzgarán, y que no hay superiores, solo un grupo  de pecadores, que padecen de la misma debilidad. Mire como tienen que depender absolutamente de Dios porque se saben incompetentes, y esa total dependencia es la única que les permite sobreponerse a su adicción.

Deberíamos pensar igual, esa debería ser mi forma de actuar como creyente. Un hermano en pecado no necesita alguien que se sienta superior, necesita otro pecador que comprenda y que lo ayude a no ir a pecar nuevamente. El problema es que con nuestra mentalidad de “club social” jamás lo lograremos, porque lo primero que pienso es que si confieso algo que van a pensar de mi otros creyentes. Entonces me enmascaro y siempre estoy o “en victoria” o “bendecido”, y no obtengo la ayuda que necesito, porque no estoy dispuesto a que me vean como soy.

El día que yo como miembro de una iglesia tenga en ella un compañero de cuentas, sienta la confianza de confesar mis pecados y pedir ayuda, empiece a orar con mis hermanos por los defectos que tenemos, y me sienta parte de este grupo de pecadores, redimidos sí, pero que se necesitan unos a otros para como coyunturas ayudarse a vivir en santidad, será el día en que la iglesia retome su papel más importante: dejar ver la misericordia de Dios  y comportarse como un solo cuerpo.

Oraré por eso, ¿me acompaña?

Una respuesta

  1. La iglesia no es un escaparate de ‘santos’, es un hospital de pecadores.

    noviembre 24, 2012 en 3:47 am

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