LA EVOLUCIÓN COMO MITOLOGÍA (2): LA EVOLUCIÓN NO ES UNA TEORÍA CIENTÍFICA

Hugh Henry, Daniel J. Dyke y Dr. Charles Cruze

Un artículo anterior señalaba  cómo la teoría de la evolución manifiesta las características de un mito. Este artículo considerará cómo cumple con la definición de “ciencia”.

Diferenciar mito de ciencia no siempre es fácil. Karl Popper dice: “Hablando históricamente, todas -o casi todas- las teorías científicas se originan en mitos… un mito puede contener importantes anticipaciones de teorías científicas”. La teoría atómica de Leucipo y Demócrito (c. 400 a.C.) es un ejemplo, al igual que el mito de creación de Génesis 1:1 (que presagió la teoría del big bang). Pero la teoría del movimiento de Aristóteles, el geocentrismo y la mayoría de los demás mitos tempranos no lograron dar la talla como ciencia del siglo XX. ¿Cuál es la diferencia?


La ciencia suele ser definida por un proceso denominado método científico. En general, esto incluye una observación acerca de un fenómeno natural, una hipótesis formulada para explicarlo y una prueba realizada mediante un experimento controlado. Si los resultados de la prueba no son los esperados, la hipótesis podrá ser revisada y vuelta a probar (realimentación).

La clave del proceso de prueba es la falsabilidad. Un resultado positivo de la prueba significa que una hipótesis es plausible, pero un resultado negativo de la prueba demuestra que es falsa. Por lo tanto, la prueba adecuada de una hipótesis es hacer una predicción e idear una prueba tal que al menos un resultado demuestre que la teoría es falsa. Los científicos a menudo quieren verificar teorías preferidas; pero dice Popper: “Cada prueba auténtica de una teoría es un intento de falsarla, o de refutarla… Es fácil obtener confirmaciones, o verificaciones, para prácticamente cada teoría, si buscamos confirmaciones. Las confirmaciones deben tenerse en cuenta sólo si son producto de predicciones arriesgadas… El criterio de la condición científica de una teoría es su falsabilidad, o refutabilidad, o posibilidad de ser probada” (énfasis original).

Como ejemplo, la teoría de la relatividad general de Einstein hizo la predicción arriesgada de que la gravedad del sol haría curvar la luz de estrellas distantes. La teoría fue confirmada cuando la observación determinó que la predicción era verdadera; habría sido falsada si la predicción hubiera fallado.

En el caso de la “ciencia histórica”, como la teoría de la evolución, es imposible recrear condiciones “en el principio” y realizar un experimento controlado; sin embargo, sigue siendo posible una prueba falsable. Por ejemplo, la hipótesis del “big bang” de la cosmología hizo la predicción arriesgada de la existencia de un bombardeo de radiación cósmica sobre la Tierra. En 1965 esta predicción se comprobó, el big bang fue aceptado como plausible, y la teoría prevalente en ese momento de que el universo era eterno fue falsada. Si la radiación de microondas no existiera, la teoría del big bang habría sido falsada.

El problema fundamental con la evolución como teoría científica es que no es ni predictiva ni falsable. El embriólogo y genetista C. H. Waddington dice: “La teoría de la evolución es infalsable… Si un animal evoluciona de una forma, los biólogos tienen una explicación perfectamente buena; pero si evoluciona de alguna otra forma, tienen una explicación igualmente buena… La teoría no es… una teoría predictiva acerca de lo que debe ocurrir”. (1)

El teórico de la información Mark Ludwig amplía el concepto: “La hipótesis de Darwin… tiene el carácter de filosofía infalsable: puede explicar cualquier cosa y no predice prácticamente nada… El darwinismo… exige creer… Se ha convertido en el paradigma del científico, y raramente puede reconocer que es frágil y está cargado de filosofía”. (2)

La teoría de la evolución neodarwiniana es infalsable porque depende de mutaciones aleatorias e impredecibles. Sólo la aleatoriedad predecible, como la descomposición radioactiva, es un fenómeno científico válido. Murray Eden, de Massachusetts Institute of Technology, ilustra la diferencia usando la química física: “Se acepta que la ley de acción de las masas puede derivarse de la suposición de colisiones aleatorias entre moléculas reactivas, pero la explicación de una reacción química en la que las moléculas A y B se convierten en C debe buscarse… y no en una reordenación aleatoria de los átomos A y B”. (3)

Sin embargo, este es el argumento del neodarwinismo, un argumento que no difiere del argumento del “dios de las brechas”. Según dice el  zoólogo evolucionista Pierre-P. Grassé: “El azar se convierte en una especie de providencia que… es adorada secretamente”. (4)

Es difícil cuestionar la acusación de Henry Morris de que la letanía de los biólogos es: “Sabemos que la evolución es verdadera, aun cuando no sabemos cómo funciona y nunca la hemos visto ocurrir”. (5)

La ciencia no es estática; las mejoras en la tecnología hacen que sea posible continuamente probar y falsar teorías que eran imposibles de probar anteriormente, como la teoría del flogisto de la química y la teoría del éter luminífero de la física. Lo mismo ocurre con la teoría de la evolución. Apenas era posible ver la estructura de la célula bajo un microscopio primitivo en el tiempo de Darwin, y el ADN no había sido descubierto cuando se desarrolló la síntesis neodarwiniana en la década de 1940. La tecnología y el poder de computación han crecido dramáticamente y, si bien las mutaciones impredecibles no pueden ser probadas, otras ramificaciones problemáticas de la teoría sí.

No obstante, parece que las dificultades sólo conducen a modificaciones de la teoría, algunas de las cuales suelen ser especulativas. Este patrón llevó al astrofísico y premio Nobel Sir Fred Hoyle a comentar: “Desconfíen de una teoría si se requieren cada vez más hipótesis para apoyarla a medida que aparecen más hechos”. (6)

Popper, que considera a la evolución como un “programa de investigación metafísico”, señala: “Reinterpretar la teoría ad hoc de forma tal que elude la refutación… es siempre posible, pero… sólo al precio de… reducir su condición científica”. (7)

Pero las viejas teorías se resisten a morir. El gigante científico del siglo XVIII Joseph Priestley se rehusó a aceptar la falsación de la teoría del flogisto; siguió reinterpretando los datos para eludir su refutación hasta su muerte. El carácter de mito de la teoría de la evolución hace que sea especialmente difícil de rechazar porque la evolución define la cosmovisión naturalista. La evolución se da por sentada –sea en forma justificada o no–, porque cualquier cuestionamiento a la evolución subvierte esta cosmovisión.

Grassé dice: “Los paleontólogos… suponen que la hipótesis darwiniana es correcta [y] reinterpretan los datos de los fósiles según ella”. Pero él cree que “el deber [de los biólogos] es destruir el mito de la evolución… pensar acerca de las debilidades de las interpretaciones y extrapolaciones que los teóricos presentan o fijan como verdades establecidas”. (8)

Por lo tanto, la teoría de la evolución se describe más precisamente como un mito que como ciencia, especialmente por su infalsabilidad. Los siguientes dos artículos considerarán algunas dificultades con la teoría que revela la ciencia moderna.

(1) C. H.Waddington, “Summary Discussion,” en Mathematical Challenge to the Neo-Darwinian Interpretation of Evolution, ed. Paul S. Moorhead and Martin M. Kaplan (Philadelphia: Wistar Institute Press, 1967), 98.
(2) Mark A.Ludwig, Computer Viruses, Artificial Life, and Evolution (Tucson, AZ: American Eagle Publications, 1993), 295.
(3) Murray Eden, “Inadequacies of Neo-Darwinian Evolution as a Scientific Theory,” en Mathematical Challenge to the Neo-Darwinian Interpretation of Evolution, ed. Paul S. Moorhead and Martin M. Kaplan (Philadelphia: Wistar Institute Press, 1967), 111.
(4) Pierre-P. Grassé, Evolution of Living Organisms (New York: Academic Press, 1977), 107.
(5) Henry Morris, The Long War Against God (Grand Rapids: Baker, 1996), 24.
(6) Sir Fred Hoyle and Chandra Wickramasinghe, Evolution from Space (New York: Simon and Schuster, 1981), 135.
(7) Paul A. Schilpp, ed., The Philosophy of Karl Popper, vol. 1 (La Salle, IL: Open Court Publishers, 1974), 133–143.
(8) Pierre-P. Grassé, Evolution of Living Organisms (New York: Academic Press, 1977), 7–8.
Traducción: Alejandro Field
Artículo original: Evolution as Mythology, Part 2 (of 5): Evolution is not a Scientific Theory

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