¿QUE ES UNA VIDA EXITOSA PARA DIOS?

Si uno revisa las prédicas del “Movimiento de la Fe”, uno se encuentra con una definición de éxito bastante llamativa. Dicen cosas como estas:

Contamos con cientos de miles de seguidores y eso avala nuestros ministerios y que nuestra enseñanza es correcta”. Cuando se les señala el error responden: “miren nuestro “fruto”, miren lo que Dios está haciendo acá, miren las grandes multitudes que tenemos”.

Y sus prosélitos confrontan a los críticos diciendo: “Ustedes están amargados porque no son conocidos, tienen 3 gatitos como congregación y solo criticando a ministerios de “éxito” se pueden dar a conocer.”

Al ver estas declaraciones en diversos sitios de internet y prédicas, se me ocurrió escribir acerca de lo que significa ser exitoso bíblicamente hablando, y aquí está el resultado de mis reflexiones:

  1. El objetivo de vida del cristiano es glorificar a Dios.- Esto se logra de dos maneras: Testificando para hacer discípulos (Mt. 28:18 al 20), y viviendo una vida de santidad, en una lucha que será día a día. (Heb. 12:14). Yo vivo al servicio de Dios, Él no está para cumplir mis deseos, sino para darme el poder de vivir con Él y para Él.
  2. Debo identificarme con Cristo (Rom. 5:12 al 21).- Perdimos la identificación con Adán y ahora estamos identificados con Cristo. Dios nos ve, cómo ve a Cristo (Col. 3:1 al 3), pero esa gran bendición requiere que nosotros empecemos a vivir como Él y alejarnos del pecado (Rom. 6:1 al 14).
  3.  Debo renovar mi mente (Rom. 12:2).- Constantemente estoy cambiando lo que he creído toda mi vida y reemplazándolo con la verdad de la Escritura. Incorporo estas verdades a mi vida y debido a éstas, empieza un cambio en mi vida que hace que nazca un nuevo yo, con diferencias claras entre lo que era y lo que voy llegando a ser.
  4. Debo ser transformado (2Cor.3:18).- En un proceso que no acabará sino con mi muerte, mi vida debe reflejar a Cristo, cada vez más. Pasaré por etapas donde no lo haga, pero no debo olvidar mi meta: ser como Cristo y decir cada día: “Ya no vivo yo, sino Cristo en mi” (Gal. 2:20).

De manera que ser exitoso, no se mide por cuanta gente viene a mi iglesia, ni cuán bien se sienten cuando están en un culto, sino, por cuantas personas están en el camino hacia la madurez espiritual y lo que estoy haciendo para que más gente se integre a ese caminar, con el único objetivo de ser mas como Cristo y menos como nosotros cada día.

Las iglesias exitosas son aquellas que producen en sus feligreses una convicción de vida, basada en la Palabra, que se traduce en un cambio de conducta, que se nota en la forma como la persona se maneja ahora y que jamás podrá limitarse a expresiones externas como la forma de cantar, lo que pasa cuando le imponen manos, éxtasis religiosos o cosas parecidas, que no son más que expresiones externas y emocionales, que aunque pudieran ser válidas, no alcanzan, ya que lo que necesitamos es un cambio conductual, basado en convicciones nuevas incorporadas.

Finalmente, el éxito de la gestión eclesial es el cambio de carácter de cada uno de los miembros, ya que una vez que incorporo nuevas convicciones a mi vida y mi conducta empezó a cambiar como consecuencia de ellas, se debe dar un resultado de transformación ascendente cuya meta está clara en Ef. 4:13.

Entonces, el éxito se establece cuando yo como creyente, decido identificarme con Cristo, de tal forma que estoy dispuesto a subir mi yo, todos los días a la cruz hasta alcanzar mi meta, la de morir al yo.

Cuando las iglesias tengamos todos nuestros planes dedicados a conducir a nuestros hermanos en este proceso, seremos iglesias de éxito, aunque seamos ocho haciéndolo.

El éxito nuestro como congregaciones, jamás se medirá por número de personas, o dinero, se mide por la cantidad de transformación que se produce en las vidas de los creyentes y su impacto a la comunidad que los rodea.

¿Será esto una utopía: cristianos de convicción, que debido a eso cambien su conducta hasta que esta se convierta en una transformación de su carácter; o será que ese es el proceso que nos llevará al éxito, aunque no termine en esta vida? y que concluirá con Dios diciéndonos: “Bien hecho siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25:21).

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