LA CONCIENCIA

Cuando estudiamos sobre la bebida la semana pasada, escribí que trataría el tema de la conciencia en esta semana, con el objetivo de intentar zanjar la discusión, a veces llevada al extremo, de “qué le está permitido o prohibido a un creyente”, que no se encuentra especificado como pecado en la Biblia.

Para llegar a esto, empecemos por entender que es la conciencia y como opera, basando este artículo en las explicaciones que me diera en el seminario uno de mis profesores, el Pastor David Erdel.

GENERALIDADES.-

La conciencia es la ley de Dios que está en nosotros, aunque nunca hayamos leído la ley.  Los antropólogos han encontrado que cultura tras cultura se condenan las mismas cosas, como el asesinado por ejemplo.  La conciencia nos acusa o nos defiende.  La conciencia es nuestra aliada.  La ley moral que Dios reveló en las Escrituras, también fue estampada por Él en nuestros corazones, por tanto, cuando nos rebelamos no solo lo hacemos contra Dios sino también contra nuestro propio ser.

ELEMENTOS.- La conciencia tiene dos elementos:

1.-  El código.- Es mi lista de valores, las cosas que considero buenas y malas y es único en cada persona.  Nazco con éste código que Dios me coloca, pero lo modifico debido a las enseñanzas de padres, maestros, compañeros y medios de comunicación y a veces tenemos que decidir entre una y otra, porque una fuente puede contradecir a otra.

Pongamos como ejemplo al hijo de un mafioso.  Este nace creyendo que matar es malo, pero al crecer va aprendiendo de su papá que el matar no es malo si es cuestión de negocios, e incluso que a veces es necesario.

O veamos a los jóvenes de la actualidad.  El efecto de los medios de comunicación les dice que la sexualidad es apetecible y no tiene consecuencias, entonces se entregan a ellas, consiguiendo solamente todo el dolor que la relaciones rotas traen a su vida.

En ambos casos el código sufrió un cambio, y es éste cambio lo que produce una transformación de la conducta.

2.-  La Voz.- Es interna y nos educa a actuar de acuerdo al código.  Puedo desatender la voz pero ella siempre hablará, y cuando la desatiendo es como debilitar mi sistema inmunológico, tal cual me pasa con la enfermedad del SIDA que lo hace en mi cuerpo.  Debido a esto siempre debo hacerle caso.  Nunca debilite la voz.

Cuando yo me convierto a Cristo mi código cambia a través de la Palabra.  Debo corregir siempre mi código con la Palabra (Rom. 12:1-2).  Si mi código decía que se podía usar “mentiras blancas”, mi nuevo código basado en la Palabra dice que no son permitidas y así con todo lo demás.  Sino cambias el código no cambiarás el comportamiento.

También cambia la voz, que ahora es el Espíritu Santo, que no se queda solo en decirme que algo que está mal, sino que también me da el poder para cumplir el código (Jn 16:13-14: Hch 1:8; Fil 2:13).  Siempre acierta y te lleva a pensar correctamente.  Siempre pone a la cruz por delante y de dirá como comportarte en concordancia a ese sacrificio.

Romanos 14 nos da 7 puntos acerca de la conciencia que debemos tener en cuenta para todas aquellas cosas que no son la doctrina clara de la Palabra:

  1. Los cristianos tenemos diferentes convicciones y prácticas (2, 3, 6b y c).- Todo lo hacemos es para glorificar a Dios y en las áreas grises lo hacemos de acuerdo a lo que nuestra conciencia nos dice.
  2. Debemos tener nuestras propias convicciones (5b).- Nos manejamos de acuerdo a ellas aunque otros crean otras cosas.
  3. Debemos aceptar a los que discrepan.- No critique, ni censure. (1, 4, 7 al 14a).- El código deber ser usado en todo lo que no es doctrina, debe ser una decisión personal de cada quien.
  4. No debo imponer mis convicciones. Son mías (22a).-  Esto es entre Dios y yo y entre Dios y mi hermano.
  5. No debemos inducir a nadie a romper su propio código, pues para él es pecado (13b, 14b, 20 y 21).- No es verdad que sólo lo que yo considero es verdadero o falso.  Si un hermano cree que bailar es malo, no debo intentar cambiar su convicción, pues al hacerlo a él le sería pecado, igual si alguien cree que no debe tomar nunca, o no maquillarse las mujeres, etc.
  6. No debo aprobar lo malo en mi código, ni prohibir lo neutral (22b, 23).- Yo no soy quien para imponer lo que está mal o bien, pero tampoco puedo cambiar mi código por opiniones de otros, por muy respetables que sean.
  7. Debemos hacer lo que el amor manda y dictamina (15 y 19).- Nunca haga algo que perjudique a un débil en la fe.  Si usted es un maduro en la fe hay cosas que le son permitidas, de las que debe abstenerse si alguien más se puede afectar.  De hecho, esta es la ley más importante: Ame a los demás por sobre sus derechos.

Entonces, si mi conciencia me dice que yo puedo hacer algo, pero veo que al hacerlo puedo afectar a otro creyente, debo abstenerme aunque tenga derecho a ello.

Es mi oración que preparemos día a día nuestra conciencia para que sea compatible con lo que el Señor enseña.

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