EL AYUNO

Esto que sigue no es mío, es un extracto de una explicación que envió mi amigo Tito Campos a la iglesia en la que servimos con motivo de un ayuno convocado por ésta. Por su claridad y con el permiso de él, la comparto con ustedes y la próxima semana haré unos comentarios que incluirán algunas posiciones en mi opinión equivocada respecto a este tema.

INTRODUCCIÓN

El ayuno, o el dejar a un lado la ingestión de alimentos era una costumbre de las naciones del Medio Oriente y Asia Menor mucho antes que la Ley de Moisés aparezca (1450A.C.), así que, no nace con la revelación bíblica, sino que ésta ya era parte de la cultura de dichas regiones. Lo que cambió entonces, fue la razón por la que se lo hacía, ya que ya no estaba dedicada a deidades paganas.

Por lo tanto, nos acercaremos al texto haciendo un análisis progresivo contemplando el desarrollo de esta disciplina, su alcance en el Antiguo Testamento y como debe entenderse para el Nuevo Testamento y la práctica para los creyentes en el Siglo XXI.

I. DESARROLLO DEL AYUNO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Una de las primeras referencias explícitas al ayuno en el A.T., se encuentra en Lv. 23: 26–32, donde vemos la absorción de la costumbre y el cambio de paradigma, puesto que este ayuno no se practicaba por el antojo de un chamán o sacerdote, sino por instrucción divina. El Señor mismo les dijo a los hebreos que consideren esta práctica al momento de la celebración del Día de La Expiación o Día del Perdón, donde el Sumo Sacerdote ingresaba con la carga del pueblo sobre sus hombros, y el pueblo tenía que humillarse para que el sacrificio dado por ellos sea acepto delante de YHWH.

Debemos tomar en cuenta las palabras del comentarista Earld Radmacher en su libro: “Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia”:

<<El tiempo de ayuno implica abstenerse de beber, bañarse, untarse con aceites o tener relaciones sexuales… Se asociaba con el duelo (2 Sam. 12:21,22), plegaria para pedir perdón, arrepentimiento y contrición por algún pecado (Jeremías 36.9)>>

Si deseáramos seguir al pie de la letra las indicaciones del A.T para ayunar, entonces deberíamos abstenernos de todo ello y no solo de la comida. En todo caso el ayuno está íntimamente ligado a un ritual (la expiación), y la idea que pretende enseñar es el desapego de aquello que es licito, con el fin de tener comunión con Dios.

Con el tiempo la práctica del ayuno se fue generalizando para otras instancias, se lo asociaba con invocar a Dios en el tiempo de la angustia por alguna amenaza (2 Cr.20:2–3), presentarse delante de Dios para anhelar su protección (Esdras 8:21); humillarse ante el Señor pidiendo su favor frente a la aniquilación inminente (Ester 4:3). El fin de este desarrollo era mostrar la dependencia de la intervención del Señor frente a situaciones incontrolables.

El problema radicaba cuando la gente veía en el “rito” del ayuno la condición única y suficiente para estrechar la comunión con Dios, como si se tratara de un dios pagano que pide mortificaciones para sentirse agradado, y el pueblo dejaba a un lado la piedad que se asumía que el pueblo de YHWH debería tener en su vida y su trato con el prójimo. Estas quejas divinas quedan evidenciadas en textos como: Isaías 58: 1-7; Jeremías 14:12 donde el Señor tiene como abominable la práctica del ayuno, si la piedad no es practicada por el pueblo que supuestamente le busca. La búsqueda de Dios seria vacía si la piedad no está de por medio, en si el ayunar no sirve de nada si la conducta que tiene el pueblo no refleja al Señor a quien sirven.

El problema del ritualismo es que crea categorías de medición de espiritualidad, si uno hace tal cosa y otro no la hace, el primero está en mayor categoría espiritual que el último y este fue el problema con el que se enfrentó el Señor Jesús en su época de encarnación.

II. EL CRISTO Y EL AYUNO, UNA PERSPECTIVA NEOTESTAMENTARIA

Es necesario recordar, que a la luz del Nuevo Testamento se considera a la Ley de Moisés como un “Ayo” o un niñero que nos conduce a Cristo (Gal. 3:24-26) de tal forma, que muchas prácticas del Antiguo Testamento quedan completadas perfectamente en Cristo y por lo tanto en desuso, en especial en los aspectos relacionados con el sacrificio de Cristo como la Expiación Perfecta y su presentación simultánea como Sumo Sacerdote que nos hizo aceptos en la Cruz por el derramamiento de su Sangre (Heb. 2:17; 3:1; 4:14–16; 8:13). Por lo tanto, la obra de Cristo anula la práctica del sacrificio y el ayuno para la expiación.

Ahora bien, habiendo dejando en claro la posición de ciertas normas rituales del Antiguo Testamento, debemos recurrir a las palabras de Jesús en cuanto al ayuno y éstas las encontramos en Mt.6:16–18, donde Jesús no prohíbe la práctica del ayuno, ni tampoco la hace obligatoria, mas se enfoca en la posibilidad de practicarse a criterio del creyente.

El verbo “ayunen” (νηστευητε) esta conjugado en modo subjuntivo lo cual indica una posibilidad o una situación hipotética, en ningún momento es mandatario. Además, tenemos por contexto la práctica de la piedad en el discurso del Sermón del Monte, lo cual nos deja ver que el énfasis sigue siendo mostrarla con hechos hacia el prójimo más que con disciplinas espirituales que pueden resultar mentirosas si las queremos hacer evidentes a otros, y por eso elimina las prácticas veterotestamentarias al decir que no lavarse la cara, y ponerse perfume seria hipocresía. Mt. 6:6, 18 expresan la práctica de estas dos disciplinas espirituales validas (Oración y Ayuno) en la privacidad de la búsqueda de Dios en la habitación de cada uno.

La enseñanza de esta parte apunta al hecho que el ayuno es una disciplina, no es mandatorio, no es motivo de publicaciones ni su práctica como abstinencia de comer ofrece santidad al creyente.

La Iglesia Naciente en Jerusalén practicó el ayuno para delegar la obra del ministerio (Hechos 13:2, 3; 14:23). Como existía también, el peligro de judaizar a los gentiles, o sea de hacerlos practicar cosas propias del judaísmo como la circuncisión o la abstención de ciertos alimentos, el primer Concilio de Jerusalén celebrado un poco antes del año 50 d.C. estableció solo ciertas normativas para los creyentes gentiles (Hechos 15:25–33) que luego en aspectos de comidas fue mejor tratado por el Apóstol Pablo, unos 10 años después de este concilio, en Romanos 14:1-12, donde nos dice que lo que se debe o no se debe comer es un asunto trivial.

Las consideraciones que el Apóstol Pablo nos manda a pensar son las siguientes: no tomar la abstención de alimentos como una norma para la espiritualidad sana (1 Ti. 4: 1-3) ni tampoco hacerlo mandamiento o precepto que al cumplirlo me hace mas (1 Cor. 8:8). El ayuno es optativo, es secreto, y su fin es apartarnos de alguna actividad o placer lícito (1 Cor. 7:5) para buscar al Señor por dirección y guianza separando un tiempo especial para la oración.

OBJETIVOS DE UN TIEMPO DE AYUNO:

  1. Tomar ejemplo de los hebreos al humillarme de corazón delante de Dios.
  2. Tomar la enseñanza de Jesús, de tener en lo secreto los tiempos de comunión con el Padre.
  3. Tomar el ejemplo de Pablo, de no centrar la piedad al hecho de dejar a un lado la comida.
  4. Ayunar de aquellas cosas que le quitan la importancia al Señor.
  5. Orar para que el Señor coloque certezas en el corazón de que estamos haciendo su voluntad en el trabajo como Iglesia.
  6. Acercar a la congregación a tiempos íntimos con Dios, que le permitirán vivir siempre en dependencia de nuestro Señor.
  7. Orar en conjunto los unos por los otros.

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