EL DOMINIO PROPIO

Otro tema sobre el corazón humano que trata el libro de Proverbios es el del dominio propio, y con todo lo que hemos visto hasta ahora, ya deberíamos tener claro que la mayor diferencia que existe entre cristianismo y todas las demás religiones, es el énfasis en el hombre interior.

Efectivamente, el control del hombre interior es el secreto para una vida virtuosa. El vivir como espíritu libre, sin control, lleva a una vida irresponsable y destructiva, y es por esto, que el libro de Proverbios nos motiva a una vida de disciplina y auto control, que es lo que fortalece nuestro carácter.

Cuando yo controlo mis acciones y vivo apropiadamente, es cuando yo cuido mi interior, que la Biblia lo llama el corazón (4:23; 23:7). Esta es sin duda la lucha más dura de todo ser humano y definitivamente donde necesitaremos nuestras más grandes victorias.

Con esto dicho, vemos que la necesidad de dominio propio empieza porque mi corazón controla lo que soy y hago (27:19), de hecho, Cristo dijo que mis acciones son un reflejo de lo que soy por dentro, pues en mi alma está la fuente de mi vida, y si ésta está contaminada así estará mi vida (Mt. 12:33 al 35; Mrc. 7:14 al 23).

El principal problema para el hombre es llegar a tener dominio propio por si mismo, ya que encontrará que es totalmente inadecuado para hacerlo solo, ya que lo único que tiene es su propio juicio, y nuestro principal traidor es nuestro propio corazón corrompido y alejado de la voluntad de Dios (12:15;16:2;21:2; 28:26).

La única solución entonces, es entregarle nuestro corazón a Dios (23:26; 3:5 al 8: 19:21), sujetarnos a Su voluntad, entendiendo que nuestro corazón no es el adecuado para decidir que es bueno y malo.

Cuando las religiones orientales tratan con este problema van hacia la meditación y el encontrar paz en su interior. Cuando el humanismo lo intenta saca principios de la inteligencia emocional como la del semáforo invertido para controlar nuestras emociones que camina más o menos así:

Luz roja: Deténgase, cálmese antes de actuar

Luz amarilla: Analice como se siente, piense en las consecuencias, intercambie lo negativo con positivo

Luz verde: Adelante, encauce sus emociones.

Cuando Salomón hablaba de esto en Proverbios, también hablaba de aprender a auto controlarse, y de lo grande que era una persona que lo lograra (16:32; 25:28). De cómo el hombre tenía que resistir y huir de la tentación (4:14 al 17,20 al 27; 24:1), y de que debemos tener comportamiento responsable (20:5; 23:19), que empieza por controlar nuestra boca y mente (13:3; 15:28; 16:23; 21:23).

Él nos dice que se logra el dominio propio a través de la disciplina y la instrucción (10:8; 15:5, 31 y 32: 23:12), que puede venir de otros (12:1; 15:10 y 32; 29:1), de nuestros padres (2:1 y 2; 6:20 al 22; 13:1) y principalmente de Dios (3:11; 16:9; 17:3; 19:3).

Cuanta sabiduría hay en todo esto, pero también cuanta lucha con nuestro corazón, que se niega a aceptar la corrección, así sea de Dios, y que prefiere darnos excusas por las cuales está justificado lo que hacemos, o dejamos de hacer.

Por esto, Dios nos ha provisto a los creyentes, de un recurso infalible para el dominio propio, que no existe ni en las religiones orientales ni en el humanismo y es el Espíritu Santo, que ahora vive en nosotros y como parte del fruto nos ha traído dominio propio a nuestro interior (Gal. 5:22 y 23; 2 Tim. 1:7).

Ahora, lo único que tenemos que hacer es dejarlo actuar, transformar nuestra mente hacia hacer la voluntad de Dios y dejar de pensar en nuestros derechos como primera prioridad.

Déjeme finalizar con una reflexión de para que necesitamos dominio propio:

Un carro se le cruza en la calle, llevándolo a usted a casi chocar, si no fuera por su pericia al volante. Al ver como ha sido afectado usted da rienda suelta a su ira, y pone al otro en su sitio. Pasan meses y un día esta persona es invitada a un estudio bíblico y usted va a dar su testimonio. ¿Qué pensara él?

Usted habrá vengado su mal rato, pero habremos perdido un alma para siempre.

Es por esto que Dios lo ha dotado de dominio propio, úselo, practíquelo, sea cada vez mejor, y sus más allegados saldrán grandemente beneficiados y algún día un alma a la que usted no le grito puede que se salve debido a su dominio propio.

Una respuesta

  1. jessica salcedo

    En mi camino cristiano aprendí que no podemos, no que no tenemos, sino que no podemos ser piedra de tropiezo para otros, un simple comentario puede cambiar la fe de personas que recién comienzan a caminar en la verdad…yo lo viví en mi familia…y las consecuencias siguen todavia.

    agosto 17, 2012 en 1:56 am

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