EL ORGULLO

El libro de Proverbios habla mucho sobre el corazón humano y su condición, entendiéndose como corazón ese sitio donde se guardan las emociones humanas, y lastimosamente, donde se muestra de la manera más fehaciente, el efecto destructor del pecado (Jn 2:24 y 25).

Uno de los más destacados pensadores cristianos escribió: “Existe un vicio del cual nadie en el mundo está libre; uno que todo el mundo critica cuando lo ve en los demás; uno del cual casi nadie, excepto los cristianos, se cree culpable.  He oído a varias personas que reconocen que tienen mal temperamento, o que no puede dejar de pensar en las mujeres o en la bebida, y hasta que son cobardes.  Pero creo que no he oído a nadie que no siendo cristiano, muestre la más mínima misericordia cuando ve este vicio en los demás.  No hay una falta que convierta a una persona en impopular,  ni una falta de la cual estemos más inconscientes en nosotros mismos.  Y mientras más la tenemos en nosotros, mas nos disgusta verla en otros.

El vicio del que hablamos es el orgullo o el amor propio; y la virtud que se le opone en la moral se conoce como humildad… Fue por orgullo que el diablo se convirtió en diablo, el orgullo lleva todos los demás vicios; es el completo estado de anti-Dios en la mente”. (1)

Los ecuatorianos sabemos demasiado bien como el orgullo puede hasta destruir una sociedad.  Todos los pueblos que han tenido dictadores lo saben.  Vemos como el orgullo no reconoce equivocación, ni pide consejos, y se convierte en el principal vicio del poder.  De hecho, ahora los cristianos, lo vemos en algunos pastores “famosos”, que se autoproclaman “amigos de Dios” como Guillermo Maldonado en su prédica de pactos, o que ha estado en la misma presencia de Dios y ofrece llevar a otros allá, como lo hizo en su prédica de sanidad interior, cuando vemos a Pablo no atreverse a auto nombrarse cuando estuvo ahí.  (2 Cor. 12:1 al 5)

Es interesante que todos los vicios llevan a la gente a juntarse: la bebida, el juego, las drogas, etc.  Todos menos este; no hay nada que lleve al aislamiento como el orgullo.  Nadie quiere estar junto a un orgulloso, a menos que se sirva de él para sus propios fines, y dos orgullosos jamás resolverán sus diferencias.

El orgullo se deja ver con tres actitudes principales que la Biblia denuncia como pecaminosas:

  1. Soberbia o altivez (18:12; 21:4; 16:18).- Es el sentimiento de superioridad frente a los demás, que provoca un trato despectivo.
  2. Arrogancia (21:24).- Es la manera como te dejo ver mi superioridad o tu inferioridad.  Se deja ver en los sarcasmos y en los términos burlones.
  3. Jactancia (27:2; 20:6; 17:19).- Es la alabanza propia, arrogante y presuntuosa.   Es la forma como se muestra el temor de que nadie vea la grandeza que uno cree tener.

Definitivamente el orgullo es el principio del pecado, ya que, todas nuestras actitudes contra Dios empiezan allí.  Es por orgullo que no queremos aceptar el sacrificio de Cristo por nosotros, ya que queremos ser el dios de nuestra vida (3:5 al 7), sintiéndonos tan importantes y autosuficientes como para no necesitar de Él, rompiendo así el principio de la sabiduría (8:13; 15:33; 22:4) y convirtiéndonos en abominación de Jehová (16:5; 6:16 al 19) puesto que el orgullo reclama honor para sí mismo y Dios no responde a él sino a la humildad de un corazón que lo necesita (29:23; 15:33).

Finalmente, el orgullo trae al menos tres consecuencias:

  1. Vergüenza (11:2; 25:27).- Irónicamente buscando gloria para sí mismo solo consigue ser avergonzado.
  2. Contienda (13:10; 28:25).- Debido a nuestro orgullo sufren nuestras relaciones sobre todo las más importantes: esposos(as), hijos.
  3. Destrucción (15:25; 16:18 y 19; 18:12).- El mejor ejemplo es el Faraón de Egipto, que a pesar de las advertencias pensó que ningún dios era superior a él, y pagó con su vida y la de su primogénito su desafío.

La batalla más importante que libramos internamente los creyentes es el combate contra el orgullo, por eso es tan devastante la teología de Dios sirviéndome a mí en lo que yo deseo.  Debemos recordar que no es amarnos como amamos a los demás, sino a los demás como a mí mismo, ya que, nos amamos tanto, que es vital reemplazar ese amor centrado en nosotros por aquel que se centra en Dios y los demás.

(1) Cristianismo y nada mas de C.S. Lewis pag. 122 y 123.

Una respuesta

  1. shirley martis

    me gusta mucho, este comentario,.es verdad que el orgullo mata, me has habierto los oido, para aprender de aqui es verdad que nadie quiere ser humillado,pero mi problema es que los que humillan a otros siempre he visto en ellos jentes no onrados, despues de que te han humillado de todas forman , vienen como carneros manzos a pedir disculpa, pero de mi mismo no puedo entrar en este perdon sincero, al ver recibido tanta humillacion de ellos, y despues vienen como nada ha pasodo, es duro pero es la rialidad hay que perdonar de corazon, y ser hermanos de corazon. dios ajudame a perdonar de corazon cincero, no quiero fingier , sino hacer las cosas de verdad justa mente en este tiempo tam grande. perdona me senior todas mis culpas de corazon.

    marzo 20, 2012 en 11:39 am

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