PRINCIPIOS SOBRE EL DINERO

Este será mi cuarto artículo sobre el tema financiero y el último antes de poner a su consideración las bases bíblicas de la llamada “Teología de la Prosperidad”, que iremos analizando, intercalándolos con los que seguiremos escribiendo acerca del libro de Proverbios.

En mi opinión los principios que se deben enseñar sobre el dinero y su  acumulación son:

1.-  Debemos hablar del tema.- Una de las  pocas cosas buenas (si es que hay algo de bueno) que han salido de esta doctrina, es que toquemos el tema y analicemos lo mucho que la Palabra tiene que decir al respecto, ya que es un muy importante medidor espiritual, y la forma como manejemos nuestras finanzas será un indicador externo de nuestra condición interna (Luc. 16:10 y Mt. 25:31 al 46).

2.-  Las cosas materiales son un campo de batalla en nuestras vidas (Mt. 6:21).- Esta es una verdad que nos lleva a ver porque lo peligroso de la “Teología de la Prosperidad”, ya que, siendo difícil no permitir que la codicia y el egoísmo nos derroten, encima hay predicadores diciendo que eso está bien si lo disfrazamos de espiritualidad. No discutimos que las bendiciones de Dios tienen una dimensión física y material, pero vienen solo cuando sabemos manejarlas; de lo contrario la bendición puede convertirse en maldición.

3.-  Somos mayordomos (Salm. 24:1 y 2; Mt. 25:14 al 30).- Nunca propietarios, todo le pertenece a Dios. Esta es la clave para entender la voluntad de Dios en mis finanzas. Reconocemos la propiedad de Dios y sin esto no podremos experimentar la bendición de Dios sobre nuestras finanzas. Esta mayordomía debe convertirse en un desprendimiento generoso que corresponde a lo que el dueño del dinero ha dispuesto con claridad. Debemos convertirnos en benefactores sin importar lo modesta que la cantidad pueda ser. Creo que si entendiéramos este concepto el resto de la discusión seria irrelevante. (Ver articulo “La Mayordomía”)

4.-  El dinero no es un indicador espiritual.- Ni es la raíz de todos los males, ni la pobreza es falta de fe, ni el tener problemas económicos evidencia pecado en nuestra vida.

       Dios coloca a algunos en circunstancia más modestas.  La pobreza no tiene porque igualarse a la piedad; pero tampoco tienen las riquezas que igualarse a la rectitud.  Si hubiera una relación entre estas cosas la gente más buena del mundo sería la más rica, y todos sabemos que esto no es así. Los pobres no son indigentes espirituales.

5.-  Las promesas de bendición financiera existen pero están condicionadas.- A nuestra actitud hacia él, a nuestra disponibilidad de dar, de invertir en la expansión del reino; nadie recibirá de Dios para gastar en sus deleites. (Stg.4:3)

6.-  Dios ama al dador alegre no al acumulador alegre (2 Cor.9:7).- El dinero nos sirve para vivir dignamente y compartir con los que menos tienen. Damos para honrar a Dios, por amor, voluntariamente, con propósito, secreta, responsable y hasta sacrificialmente. Debemos aprender a no acumular sino a dar para el reino (Mt. 6:19). Cristo no vino para que tengamos prosperidad financiera.

7.-  Las riquezas que nos da Dios no son solo monetarias (Prov.10:22).- Incluyen nuestros talentos y dones, nuestro tiempo, nuestra actitud y sobre todo nuestra relación con Él. (Ver artículo “Dios quiere darte sus riquezas”)

8.-  Yo soy su siervo, Él es mi Señor y es soberano.- No podemos invertir la figura, yo le he entregado mi vida y Él tiene derecho a usarla como desee. Sé que no me hará pasar por dolores innecesarios, pero también que me usará en cosas que pueden requerir sacrificio.

9.-  Debemos aprender a desarrollar una perspectiva eterna (Luc. 12:15).- No nos mandó Dios a acostumbrarnos a este mundo, ni a seguir lo que aquí se considera éxito. El éxito en el cielo se mide por la cantidad de fruto interno que aprendemos a desarrollar y por la cantidad de almas que logramos llevar al cielo, ya sea por nuestra predicación o testimonio.

10.-  La gente siempre tiene prioridad sobre la prosperidad.- Por tanto aquellos que están en una posición de poder no tienen ningún privilegio mayor, solo una responsabilidad mayor.

En la película “La lista de Schindler”, hay una escena hacia el final cuando el protagonista, que ha salvado miles de judíos de los nazis, empieza a preguntarse en voz alta a cuantos más hubiera podido salvar si hubiera dado un anillo mas o algo más de valor a los corruptos alemanes. Esa es la pregunta que el creyente tiene que hacerse con respecto a cómo usamos el dinero: ¿A cuántos más podemos salvar si usamos nuestras posesiones como mayordomos y las ponemos al servicio del Reino? Que valdrá más un alma salvada del infierno o el último traje Armani de colección? ¿Para qué tenemos lo que tenemos: para nosotros o para usar para la expansión del reino?

Terminemos con esta frase del teólogo John Piper, en su libro “Decising God”: Dios nos ha convertido en instrumentos de su gracia.  El peligro está en pensar que el instrumento tiene que adornarse con oro.  No tiene que ser así.  A fin de cuentas, con cobre daría igual”.

Una respuesta

  1. Javier P.

    Es muy fácil confundirse o permitir que nos confundan, ya que cuando se usa la palabra abundancia, en cualquier encabezado o titular de un libro, se tiende a pensar inmediatamente en abundancia económica, en cómo hacerse rico y lamentablemente esto se está usando de manera inescrupulosa vendiendo, porque no hay otra palabra, la visión de un Dios que si me acerco a El y me porto bien, entones El está en la obligación de bendecirme y darme la casa de mis sueños, mi carro de lujo, mis vacaciones de artista… Cuan lejano de esto está la realidad del mensaje de la Palabra de Dios respecto a esto. Mucho tiempo (casi toda mi vida) he vivido con este velo, tratando de pactar con Dios a cambio de sus favores, tratando de hacer negocios con El (yo Te doy, pero Tu me das)….. La verdadera abundancia está en el corazón, está en la manera como me acerco a Dios y me inmiscuyo en Sus cosas. No hay entierro con traslado… las el dinero es importante en la medida que nos permita tener una calidad de vida aceptable y razonable para nuestras familias, pero nada más lejano de la verdad de pensar que como es un Dios abundante y rico, El quiere que yo sea rico ( en dinero), claro que El quiere que seamos ricos, pero ricos en gracia, en humildad, en generosidad, ricos en virtud y temerosos de El.
    Saludos,

    febrero 25, 2012 en 2:33 pm

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