MALDICIONES GENERACIONALES: Un poco de historia

Toda cultura tiene refranes populares que la identifican. Nosotros tenemos algunos como: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”; muchas veces aceptamos estos como sabiduría indisputable, aunque al analizar algunos no son tan ciertos.

Por ejemplo, algún día me hicieron notar que el refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, no es acertado, puesto que entonces donde queda Jesús que anduvo con prostitutas y ladrones. Lo que debería decir es “Dime con quién andas, porqué andas con quién andas y te diré quien eres”.

Hay también otros dichos que se los ha repetido como que fueran dados por Dios como: “Ayúdate que yo te ayudaré”, que no aparece en la Escritura.

Así mismo, el pueblo judío tenía uno, que traspasó generaciones y que se entendía como algo dicho por Jehová, aunque realmente provenía del paganismo y era: “Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos se les destemplaron los dientes”.

Los judíos acogieron este dicho puesto que cuadraba con su experiencia, ya que el pecado de una generación afectaba a la otra; como el vagar 40 años en el desierto, sin recapacitar que si ellos se arrepentían y volvían a los caminos del Señor hubieran sido restaurados plenamente.

Este dicho permaneció siglos como parte de la cultura judía, tanto que los apóstoles lo creían y le preguntaron a Jesús al respecto (Jn. 9:1 al 3). De nada habían valido las correcciones hechas a este dicho por Moisés y  los profetas (Dt. 24:16; Jer. 31: 29 y 30; Ezq. 18), y han vuelto a la Iglesia cristiana a pesar de las enseñanzas de Cristo y Pablo (Jn. 8:11; Rom. 2:5 y 6; Rom. 14:10, 12).

En la historia de Israel algunos líderes intentaron corregir el error: Moisés; los profetas,  Jesús  y Pablo; pero con el tiempo la práctica volvía, siendo la última vez en los años 80.

No hay  ninguna mención de la doctrina de las maldiciones generacionales en la dinache (la enseñanza de los apóstoles), ni en la de los padres de la Iglesia, ni en la reforma. No es sino con los libros de Peter Wagner, Derek Prince y otros que esta herejía vuelve a la iglesia cristiana, en la parte final del siglo XX.

¿Por qué entonces ha regresado esto? Curiosamente la razón es la misma que en el judaísmo: la experiencia. Veamos que nos dice un taller de sanidad de una iglesia sobre el tema: “Es común comprobar en la gran mayoría de la gente que busca ayuda, la relación que hay entre los síntomas que presenta y las opresiones crónicas familiares del entorno”. En otra parte dice: “Las prácticas pecaminosas de nuestros antepasados pueden desatar penalidades sobre nuestra línea familiar”.

Otro autor habla de esta verdad y usa como prueba la experiencia: “De todo esto, surge otra pregunta: ¿un creyente puede estar bajo maldición? Un creyente no puede estar bajo maldición legalmente, pero sí en experiencia”.1

Una más nos dice las evidencias que existen de una persona que sufre maldiciones generacionales:

“Todos en mi familia han muerto a los 39 años.  
Mis cuatro hermanas se han divorciado.
Mi madre fue infiel y a pesar de aborrecer esa actitud, tengo una relación con un hombre casado.
Mis hermanos y hermanas ‘han tenido que casarse’.
Cada varón en mi familia ha sido alcohólico y mi hijo adolescente está bebiendo mucho.
No veo progreso en mi vida espiritual.
He sido despedido de cada empleo, o las compañías donde he trabajado han quebrado.
No puedo disfrutar la vida, porque siento que pronto sucederá una desgracia y así ocurre”.2

Encontré un excelente resumen de lo que esta teoría dice en el Internet que reproduzco a continuación: “La enseñanza principal está enfocada en que las cosas malas que nos suceden son consecuencias de los pecados de nuestros antepasados: enfermedades hereditarias (diabetes, obesidad,  hipertensión arterial, cáncer, etc.),  intentos de  suicidio,  divorcios, infelicidad, miseria, ruina, desviaciones sexuales, idolatría, etc.

Según esta teoría, las cosas adversas que nos suceden se deben a maldiciones que nos llegaron por pertenecer a un grupo familiar cuyo árbol genealógico fue infectado por la iniquidad.

Los que enseñan acerca de la maldición generacional dicen que los delitos de una persona fueron genéticamente transferidos a todos sus descendientes. La gente no sólo hereda la naturaleza pecaminosa de sus antecesores (la tendencia que todos tenemos de rebelarnos contra Dios), sino que también adquieren la maldad acumulada de sus antecesores.

Como resultado, Dios los culpa, no sólo por sus propios pecados, sino también por los pecados de sus antecesores. Además, Satanás tiene derecho a seguir manteniendo un reclamo legal contra los creyentes que no han tratado de una forma eficaz con sus maldiciones generacionales, resultando en fracaso, violencia, impotencia, profanidad, obesidad, pobreza, vergüenza, enfermedad, aflicción, temor, y aun muerte física”.3

Por supuesto, los proponentes de esta herejía nos dan textos bíblicos para sostener sus creencias, así que los analizaremos la próxima semana por motivos de espacio ya que me pareció importante empezar con un poco de historia. Si desean empezar a leerlas estas son: Ex.20:5 y 6; 34:6 y 7; Num.14:18; Dt.5: 9 y 10; Salm.51: 1 al 5.

A todo esto una reflexión final:

“Si el Hijo los libertare, serán verdaderamente libres”. (Jn.8:36)

________________________________________________

1  Guillermo Maldonado.  Sanidad Interior y Liberación. RJ publicaciones. Miami, Florida. 6ta edición. 2006. Página 191.

2 Descubriendo y Rompiendo Maldiciones, Olivia Vega  http://www.ccc.org.mx/calacoaya/dominical/2004/10_07-mar-2004.htm)

3 Renuevo de Plenitud. http://www.renuevodeplenitud.com/el-mito-de-las-maldiciones-generacionales-primera-parte.html

Una respuesta

  1. Pandy

    El creer en las maldiciones generacionales es no creer en el carácter de Dios, DIOS ES JUSTO y no sería justicia castigar al que no es culpable. Esa “doctrina” fue un gran peso en mí vida por mucho tiempo hasta que leí Ezequiel 18 y lo creí porque coincide con la esencia de justicia de Dios. Gracias Señor por la LIBERTAD que me diste en ese pasaje.

    diciembre 15, 2011 en 1:14 am

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